Una investigación realizada en la Universidad de Granada (UGR) revela además que las mujeres temen más a la muerte que los hombres y que el mayor o menor miedo a la muerte que presentan tanto padres como madres influye directamente en la percepción que de ella tienen sus hijos. Es necesario un cambio de mentalidad en las familias y en los profesores respecto a este tema, ya que es crucial para la salud de los niños y la configuración de su personalida.
La parte de nuestro cerebro que se encarga de registrar el miedo y el pánico posee un sensor químico integrado que se dispara por un terror primario: el ahogamiento. Un informe publicado hoy en la revista Cell muestra que el aumento de los niveles de ácido que sufre el cerebro de ratones al respirar dióxido de carbono activa los canales detectores de ácido que estimulan el comportamiento propio del miedo. Los sensores químicos de la amígdala participarían, por tanto, en las respuestas al miedo ante estímulos de aversión.
El circuito cerebral del miedo se encuentra situado en la amígdala.
La risa es una expresión emocional innata en los seres humanos. Por ello, reírse de los demás también es considerado un fenómeno universal. Sin embargo, para algunas personas, el hecho de que se rían de ellas les produce un miedo que puede llegar a dificultar enormemente su vida social. Es lo que se conoce como gelotofobia, un trastorno que afecta por igual a todas las culturas.
Un estudio realizado en la Universidad de Granada concluye que este problema afecta más a las mujeres que a los hombres. La investigación fue realizada mediante una encuesta a 885 estudiantes de primer curso de 23 titulaciones distintas que poseen asignaturas de matemáticas. Tensión, nervios, preocupación, inquietud, irritabilidad, impaciencia, confusión, miedo y bloqueo mental son algunos de síntomas de este mal.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Elche y la Universidad de Murcia presenta una clasificación inédita de los subtipos de fobia social que se dan en la adolescencia. Hasta ahora, existía cierto consenso sobre la existencia de dos subtipos de este trastorno: la fobia social generalizada y la no generalizada.