Un estudio revela que una tormenta de polvo local impulsó vapor de agua hasta 80 kilómetros de altura en pleno verano boreal, un comportamiento no previsto por los modelos climáticos y capaz de incrementar de forma significativa el escape de hidrógeno al espacio.
En 1919 el astrónomo Arthur Eddington aprovechó un eclipse solar total para tomar mediciones que confirmaron una de las predicciones de la teoría de la relatividad de Albert Einstein: que las grandes masas como la del Sol eran capaces de curvar la luz. La repercusión mundial de aquella revolución científica convirtió al alemán en una superestrella.