Antes se pensaba que las personas que tenían algún trastorno obsesivo–compulsivo tenían el mismo riesgo de suicidio que la población general. Un nuevo trabajo revela que esto no es así y que existen datos clínicos recogidos de forma habitual que podrían ayudar a predecir este tipo de conductas.
Las pruebas revelan un deterioro acelerado del rendimiento académico, con retrocesos que llegan a equivaler a un curso escolar en apenas tres años. El 50 % de los jóvenes de 15 años se sitúa en los niveles más bajos de competencia científica y solo el 28 % alcanza el umbral considerado básico.