Nuevas evidencias arqueológicas en la Sala Keimada documentan más de 11 000 años de actividad humana en el interior del gran complejo kárstico burgalés. El registro abarca desde el final del Paleolítico superior hasta épocas posteriores.
Un estudio genómico redefine lo que sabíamos sobre la evolución de estos animales y revela que el emblemático marsupial australiano sufrió una grave pérdida poblacional hace 100 mil años debido a periodos glaciales intensos, antes de que los primeros seres humanos llegaran al país.