Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales analiza cómo las comunidades de microorganismos asociadas a la piel varían entre especies con distintos grados de adaptación a los ambientes terrestres, aportando nuevas pistas sobre los procesos evolutivos que permitieron a algunos vertebrados colonizar nuevos hábitats fuera del agua.
Un análisis global de 50 especies de aves y murciélagos revela que aprovechar las corrientes de aire permite reducir el gasto energético en los desplazamientos a niveles inferiores a los de la locomoción acuática. Esto reescribiría la jerarquía clásica establecida en los manuales de fisiología.