Una simulación computacional revela que unas diminutas estructuras nanoscópicas presentes en la cobertura corporal de estos reptiles pueden atrapar aire y crear una capa protectora que limita la evaporación.
El cultivo de bivalvos depende de un equilibrio ambiental especialmente sensible a los cambios de temperatura, salinidad y oxígeno. Los extremos climáticos alteran esas condiciones y amenazan una actividad económica muy ligada a la estabilidad de los ecosistemas costeros.