El Mediterráneo es una de las regiones más vulnerables y casi el 90 % de su superficie forestal podría sufrir un aumento de estas perturbaciones. Entre las consecuencias, los bosques serán cada vez más jóvenes y con menor capacidad de actuar como sumideros de carbono. Sin embargo, el equipo transmite un mensaje de esperanza, ya que si se reducen de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento de perturbaciones forestales podría limitarse a un 20 %.
n nuevo estudio publicado hoy en la revista Science alerta de que, si seguimos sin realizar una reducción significativa de las emisiones, las perturbaciones forestales —incluidos incendios, plagas de insectos y temporales de viento— podrían llegar a duplicarse antes de finales del siglo XXI en comparación con el período 2001–2020. La investigación la ha liderado la Universidad Técnica de Múnich (TUM) -los investigadores Marc Grünig i Rupert Seidl- y en ella participan diversas entidades españolas, entre ellas el CREAF, el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC) y la Universitat de Girona.
Según los datos del estudio, las perturbaciones que más aumentarán son los incendios forestales, ya que la superficie quemada anual en Europa podría casi triplicarse a finales de siglo, convirtiéndose en habituales episodios que hasta ahora se consideraban extremos.
En cuanto a las plagas de insectos, también experimentarán un aumento de casi el 50 %, especialmente los escarabajos xilófagos, que se alimentan de la madera, porque el aumento de la temperatura acelera su ciclo reproductivo, les permite expandirse hacia zonas donde antes estaban limitados por el frío y atacar bosques más debilitados. En cuanto a los temporales de viento, aumentan ligeramente, pero no serían tan preocupantes.

Un elemento inquietante es que estas proyecciones no se comparan con periodos históricos antiguos y estables, sino con un periodo reciente (2001–2020) que ya ha sido el más intenso en perturbaciones en los últimos 170 años

“Un elemento inquietante es que estas proyecciones no se comparan con periodos históricos antiguos y estables, sino con un periodo reciente (2001–2020) que ya ha sido el más intenso en perturbaciones en los últimos 170 años. Es decir, el punto de partida ya es muy alto y, aun así, el estudio muestra que la situación puede empeorar aún más”, destaca Josep Maria Espelta, investigador del CREAF y uno de los coautores.
Para realizar el estudio, el equipo ha trabajado con los tres escenarios climáticos definidos por el IPCC y ha proyectado la evolución de los bosques desde 2020 hasta 2100 bajo cada uno de ellos: “en los tres las perturbaciones aumentan, pero con grandes diferencias”.
De acuerdo con los datos, la región mediterránea se sitúa entre las zonas más vulnerables y cerca del 90% de los bosques mediterráneos podrían verse afectados por más incendios y plagas bajo escenarios de mayor calentamiento. “El motivo es la combinación de sequías, calor y bosques jóvenes y homogéneos, donde, además, la actividad agrícola y pastoral se ha abandonado y ya no existe un paisaje en mosaico que dificulte la propagación de los incendios”, añade Espelta.

Aunque es una especie autóctona, si se produce un gran aumento poblacional, destruyen la corteza y la madera del árbol hasta el punto de que puede morir

Además, el aumento de la temperatura debilita los árboles mediterráneos y algunas plagas, como los escarabajos perforadores de la corteza que afectan especialmente a las coníferas, por ejemplo, la especie Ips typographus, atacan con más intensidad y pueden causar episodios de mortalidad masiva. “Aunque es una especie autóctona, si se produce un gran aumento poblacional, destruyen la corteza y la madera del árbol hasta el punto de que puede morir”, alerta Espelta.
Otras regiones muy vulnerables que identifica el estudio son el oeste de Francia, las islas Británicas y los Cárpatos, “aunque en general ninguna región se salva y toda Europa experimentará el aumento de estos fenómenos”.
El estudio también prevé que el aumento de las perturbaciones forestales conllevará una reducción de los bosques maduros, ya de por sí muy escasos en Europa -solo un 3 % del total-, y en cambio habrá un aumento de los bosques jóvenes, especialmente en las regiones mediterráneas y templadas.
Esta transformación puede tener consecuencias relevantes, como una menor capacidad de los bosques para absorber CO₂ y actuar como sumideros de carbono, pérdidas de hábitats clave para la biodiversidad asociada a los bosques maduros y riesgos socioeconómicos que afectan a la gestión forestal, la prevención de incendios y las economías locales que dependen de la silvicultura.
El equipo también identifica algunas zonas que podrían actuar como refugios y preservar los bosques maduros, como los Pirineos, así como otras cordilleras mediterráneas y el norte de Europa, “aunque serían insuficientes para compensar la pérdida”.
A pesar de los datos, el estudio también aporta un mensaje positivo: una reducción ambiciosa de las emisiones podría limitar el aumento global de las perturbaciones forestales a valores cercanos al 20%, muy por debajo de los escenarios sin mitigación. “Esto indica que la acción climática es clave y que todavía hay margen para reducir los impactos”, concluye Espelta.
Los investigadores subrayan que estos resultados se han obtenido asumiendo una gestión forestal continuista. Pero si a la reducción de emisiones se añaden cambios en la gestión forestal más adaptados al cambio climático, se puede aumentar la resiliencia de los bosques y fomentar paisajes forestales más resilientes.

El reciente desarrollo de herramientas de apoyo a la toma de decisiones permite diseñar planes de gestión optimizados para maximizar la absorción de carbono tanto en el bosque como en los productos

Según Jordi Garcia-Gonzalo, investigador del CTFC, “el reciente desarrollo de herramientas de apoyo a la toma de decisiones permite diseñar planes de gestión optimizados para maximizar la absorción de carbono tanto en el bosque como en los productos. Esto minimizaría el riesgo de incendios y aumentaría la resiliencia de nuestros bosques, asegurando la provisión de servicios ecosistémicos como el suministro de agua azul. En definitiva, se trata de desarrollar una gestión climáticamente inteligente que ofrezca resultados más positivos”.
El estudio lo ha liderado la Universidad Técnica de Múnich (TUM) y han participado diversos centros de toda Europa, entre ellos el CREAF, el CTFC y la Universidad de Girona. También la Universidad de Vermont en Estados Unidos; el CSIRO en Australia y la ETH de Zúrich.
Referencia:
Grünig, M.; Rammer, W.; Senf, C. et al. "Climate change will increase forest disturbances in Europe throughout the 21st century", Science.