Una ola de graves incendios lleva ya varias semanas afectando a diferentes regiones de España y concentrando, como es natural, la atención de la ciudadanía, los medios de comunicación, los expertos y la esfera política. Son muchos los que buscan los porqués de la intensidad y voracidad del fuego, que ha arrasado más de 400 000 hectáreas.
La velocidad de propagación de los fuegos forestales en zonas de la Península aumenta debido a los efectos del cambio climático. El incremento de las temperaturas, la reducción de la humedad relativa, además de otros factores como el crecimiento de la vegetación, elevan el riesgo de que estos fenómenos sean más virulentos durante el verano en regiones del noroeste como Galicia, León y Portugal.
Los megaincendios de este verano en España evidencian no solo los efectos del cambio climático, sino también la desinformación que desvía el foco de las causas reales. Hablamos con Elvira Santiago y Carmen Rodríguez, de la Universidad de A Coruña, sobre cómo estos discursos simplifican y distorsionan el problema.
En tan solo una semana de agosto se han calcinado en nuestro país cerca de 100 000 hectáreas y en lo que va de año, el triple que en todo 2024. Regiones como Galicia, León o Zamora repiten grandes incendios cada verano, un hecho que podría minimizarse con prevención. Hablamos sobre su gestión con Imma Oliveras, investigadora del Environmental Change Institute de Reino Unido.
Debido a las sequías y a las altas temperaturas, los incendios forestales están desarrollando nuevas formas de propagación. Este fenómeno supone todo un reto tanto para los efectivos de extinción como para la ciencia, que indaga nuevas alternativas de gestión.
Según un nuevo informe, la Unión Europea sigue centrando sus esfuerzos en la extinción de incendios, una estrategia que por sí sola no basta para abordar el creciente problema del fuego. Invertir en nuevas políticas enfocadas en la prevención, la gestión del territorio y la educación puede ser clave para enfrentarlo de forma más eficaz.
Los restos óseos de pequeños animales hallados en lo que podría ser una hoguera neandertal en la cueva cántabra de El Esquilleu suponen un enigma para los científicos. Investigadores de la UNED y de la Universidad Complutense apuntan a que la especie ‘hiciera limpieza’ en la cueva quemando los restos de forma sistemática, para evitar infecciones, aunque también podrían servir como fuente combustible.
Los espectadores de los fuegos artificiales deberían colocarse en un lugar no afectado por las emisiones.