Según los resultados de esta investigación, sin las temperaturas excepcionalmente altas de la superficie del mar en el Atlántico Norte y en el Mediterráneo, la lluvia en el día más extremo del episodio habría podido ser hasta un 40 % menor.
Un único hueso fosilizado, de dimensiones excepcionales, hallado en Nuevo México podría aportar nuevas pistas sobre la historia evolutiva de los grandes depredadores del Cretácico. El análisis sugiere que este animal, que vivió hace unos 74 millones de años y superaba las cuatro toneladas, podría situarse entre los miembros más tempranos de los tiranosaurinos y reforzar la idea de que este linaje surgió en el sur de la antigua Laramidia.
Antiguas teorías sugerían que estas aves seguían a los lobos durante sus capturas para beneficiarse de la carne sobrante. Un nuevo estudio señala que los cuervos recuerdan las zonas de cacería y regresan a ella cada vez que desean sus restos.
Un nuevo algoritmo identifica 2,3 millones de secuencias reguladoras que han sobrevivido a siglos de reordenamientos genéticos, abriendo la puerta a una edición de cultivos mucho más precisa.
Un equipo científico ha detectado la planta Halophila stipulacea en la bahía de Palma, lo que supone el registro más occidental conocido de esta especie tropical en el Mediterráneo, y el primero en España. Según los investigadores, se debe al progresivo calentamiento del mar.
Un estudio internacional basado en el análisis de ADN antiguo de plumas halladas en el yacimiento peruano de Pachacámac revela que varias especies de guacamayos procedentes de la selva tropical fueron desplazadas a través de los Andes hace más de mil años. Los resultados evidencian la existencia de complejas rutas de intercambio entre distintos ecosistemas mucho antes del auge del Imperio inca.
La identificación de nuevas especies sigue revelando ramas desconocidas en nuestro planeta. Los grupos taxonómicos incorporados amplían más de lo previsto el mapa evolutivo conocido. Esto no implica que la biodiversidad global deje de estar amenazada por el impacto humano, sino que el conocimiento científico continúa avanzando.
Las especies de zonas secas serían más vulnerables a las sequías extremas porque los conductos por los que transportan agua, aunque son más resistentes, son más lentos y costosos de reemplazar cuando sufren "embolias" por falta de agua. La edad también aumenta el riesgo de mortalidad, porque los árboles viejos acumulan daños en su sistema de circulación y renuevan su madera más lentamente, según este estudio liderado por el CREAF y la Universidad de Edimburgo.
Aunque los oyentes no logran distinguir conscientemente el habla sintética de la humana, su actividad cerebral se adapta rápidamente para diferenciar ambos sonidos tras un breve entrenamiento, de apenas 12 minutos.
El Mediterráneo es una de las regiones más vulnerables y casi el 90 % de su superficie forestal podría sufrir un aumento de estas perturbaciones. Entre las consecuencias, los bosques serán cada vez más jóvenes y con menor capacidad de actuar como sumideros de carbono. Sin embargo, el equipo transmite un mensaje de esperanza, ya que si se reducen de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento de perturbaciones forestales podría limitarse a un 20 %.