Tras analizar más de 9 400 comidas y 1 000 muestras de heces, un equipo de investigación ha observado que existe una relación entre los alimentos ricos en azúcares y una mayor alteración de la salud intestinal cuando se ingieren este tipo de medicamentos.
Un nuevo sistema utiliza oxígeno natural para purificar el agua y eliminar tanto los microorganismos como su material genético residual, lo que evita la propagación de resistencias antimicrobianas.
Los modelos generativos ya exploran un universo químico que escapa a las bibliotecas tradicionales y pueden recuperar péptidos del ADN de especies desaparecidas, pero convertir esos hallazgos computacionales en medicamentos sigue siendo el gran desafío.
Frente a la resistencia a los antimicrobianos, un reto que preocupa a la OMS y a los sistemas de salud de todo el mundo, el CSIC investiga nuevos materiales capaces de evitar infecciones.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la resistencia a antibióticos, ya que bacterias que evolucionan por rutas distintas pueden volverse más o menos vulnerables a otros fármacos de formas difíciles de predecir
La investigación, en la que participan 29 hospitales españoles, abre la vía al uso de este ‘antibiótico olvidado’ como alternativa al tratamiento actual para el que las bacterias han generado resistencia.
Un equipo internacional con participación española ha observado por primera vez un mecanismo de ‘cápsula de escape’ en comunidades bacterianas que anteriormente se habían relacionado con animales marinos. El objetivo de este fenómeno es garantizar que la comunidad sobreviva en nuevas colonias cuando se detecta una amenaza.
La contaminación por antibióticos está extendiendo la resistencia bacteriana más allá del ámbito clínico. Investigadores italianos alertan de que la fauna silvestre ya actúa como nuevo reservorio y reclaman medidas ambientales urgentes.
Con datos de 116 países, un estudio asocia el aumento de la sequedad del suelo con un mayor crecimiento de bacterias resistentes a antibióticos. La relación también se ha observado entre niveles locales de sequía y resistencia antibiótica en hospitales.
Un amplio análisis de casi 15 000 personas en Suecia muestra que el impacto de algunos de estos fármacos en las bacterias intestinales puede persistir mucho más tiempo de lo que se pensaba. Incluso un único ciclo de tratamiento es capaz de dejar efectos detectables durante años.