Estos monstruos del Jurásico nadaban hasta la orilla para vomitar

Actualmente, se sabe muy poco sobre el comportamiento y biología de los plesiosaurios, pero un nuevo estudio añade que podrían haber utilizado sus cuellos largos para devorar el marisco de las profundidades oceánicas, un alimento del que desechaban sus partes más duras en las desembocaduras de los ríos.

Plesiosaurios alimentándose en el fondo marino. / Lente Artemieff
Representación artística, asistida con IA, de plesiosaurios alimentándose en el fondo marino. / Lente Artemieff

Los plesiosaurios nadaban hasta los deltas de los ríos, cerca de las desembocaduras, para vomitar conchas y otros alimentos que no podían digerir; un comportamiento que se suele ver en animales actuales como las focas peludas y los cocodrilos marinos, según revela un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

Anteriores investigaciones sobre su anatomía y capacidad de movimiento sugerían que estos reptiles de cuello largo inclinaban su cabeza hacia abajo para recoger el marisco del fondo marino. Los expertos creen que no podían triturar las conchas con los dientes; por lo que su estómago los unía para vomitarlos en forma de pequeñas bolas, algo similar a lo que hacen los búhos hoy en día.

Su estómago unía los fragmentos más duros para vomitarlos en forma de pequeñas bolas

Según explica a SINC el paleontólogo y autor del trabajo, Dirk Knaust, “el vómito formaba parte de la biología de los plesiosaurios y tenía la función de separar la materia no digerible de las partes blandas que sí podían aprovechar. Por supuesto, “la eficiencia de la nutrición disminuía a medida que aumentaba la cantidad de partes duras, pero aun así obtenían una porción jugosa”, dice el experto.

Caza en mar abierto

Este trabajo, publicado en la revista Geological Magazine, ofrece nuevas perspectivas sobre el comportamiento de estos monstruos marinos. Los expertos identificaron restos fosilizados de vómito de plesiosaurio en lo que fueron aguas poco profundas de los deltas fluviales, a 50 kilómetros de la costa noruega.

El marisco identificado en los restos requería de unos niveles de sal abundantes para sobrevivir, como los que se dan en mar abierto. Sin embargo, el experto señaló que el vómito se había depositado en el delta de un río, donde la afluencia de agua dulce alteraba de forma continua la salinidad, un fenómeno que habría hecho imposible que estas criaturas tan sensibles vivieran allí.

Entonces, ¿cómo llegaron estos rastros al delta? El estudio analizó más de 20 regurgilalitas –bolas de vómito fosilizado cuyo tamaño varía entre el de una nuez y un mando – y concluyó que los plesiosaurios consumían el marisco de aguas más profundas, pero que vomitaban sus restos en la orilla.

Puede ser que los plesiosaurios se acercaran a la costa para descansar o dormir después de cazar

Dirk Knaust, paleontólogo y autor del trabajo.

“Se han realizado muchas investigaciones de vómito fosilizado durante la última década, pero la mayoría se han centrado en vertebrados que se alimentaban de otros vertebrados. Esta es la primera vez que se han identificado los restos biológicos de un plesiosaurio, así como de los mariscos depositados”, explica el autor.

Durante tres décadas, los investigadores analizaron varios metros de núcleo de perforación extraídos de los pozos del Mar del Norte. En concreto, los fósiles hallados procedían de un emplazamiento submarino de almacenamiento de CO₂ en las proximidades del yacimiento de gas y petróleo de Troll.

“Puede ser que los plesiosaurios se acercaran a la costa para descansar o dormir después de cazar; probablemente era entonces cuando vomitaban”, explicó Knaust. “Hoy en día, vemos que las focas peludas y los cocodrilos marinos hacen algo similar, pero mientras que ellos salen a tierra, estos grandes reptiles permanecían sumergidos debido a su peso y tamaño corporal”, indica.

Los restos de regurgilalitas se conservaron, en parte, porque estaban muy compactados y cubiertos de mucosidad. “La mayoría de estas pequeñas bolas se desintegraron casi por completo debido a las olas y las mareas, pero algunas quedaron cubiertas por sedimentos de los ríos y acabaron en el fondo marino, donde se conservaron y se fosilizaron”, explica el autor.

El responsable del vómito

A pocos centímetros del vómito, los investigadores hallaron un hueso y heces fosilizadas. 

“Fue algo espectacular”, enfatizó Knaust. “Al principio pensábamos que era un hueso de dinosaurio, pero cuando miramos la tomografía nos dimos cuenta de que no, que debía de ser de un ictiosaurio, un grupo de reptiles marinos similares a los delfines. Entonces pensamos que el vómito y las heces podrían haber pertenecido a este grupo de animales pero que había muchos otros a tener en cuenta”, destaca. 

Para distinguir el vómito de las heces, Knaust vio que el primero poseía una mayor cantidad de alimento no digerido. A lo largo de la investigación, compararon los fósiles con restos de vómito estudiados y descubiertos a lo largo del último siglo en muchas partes de Europa y América del Norte.

El estudio identificó conchas de bivalvos, conchas de serpúlidos (estructuras tubulares duras construidas por gusanos filtradores), crinoideos (invertebrados que se fijaban al fondo marino mediante un tallo) y belemnitas (las partes duras de cefalópodos similares a los calamares)

Estos animales fueron probablemente los reptiles marinos más resistentes que colonizaron el mar durante el Mesozoico

Dirk Knaust, paleontólogo y autor del trabajo.

Esta mezcla de alimentos apuntaba a que habían sido devorados por un animal especializado en alimentarse de presas de caparazón duro. Además, el depredador debía ser lo suficientemente grande como para poder vomitar bolas de hasta 10 centímetros.

Esto llevó a Knaust hasta su principal sospechoso. “El plesiosaurio es el que más se ajusta al tamaño y al perfil alimenticio del autor del vómito”, afirma. Estos animales podían medir entre 2 y 13 metros de longitud y fueron algunos de los reptiles marinos más resistentes que jamás hayan existido. De hecho, sobrevivieron durante más de 140 millones de años a pesar de múltiples episodios de extinción".

“Se sabe poco sobre el comportamiento y la biología de los plesiosaurios: a qué gremio alimentario pertenecían, cómo obtenían y digerían los alimentos y qué dieta preferían”, apunta el investigador. “Sin embargo, estos animales fueron probablemente los reptiles marinos más resistentes que colonizaron el mar durante el Mesozoico, ya que evolucionaron en nuevos taxones”.

En concreto, los plesiosaurios criptoclídidos, a los que Knaust atribuye el vómito, alcanzaban una longitud de entre 4 y 8 metros y vivieron desde el Jurásico Medio hasta el Cretácico Temprano (entre 174 y 100,5 millones de años).

“El plesiosaurio es un animal fascinante”, dice Knaust. “Estos hallazgos se suman a otro tipo de pruebas que nos ayudan a comprender sus capacidades y su comportamiento. Esto no es más que el principio. Hay mucho más que podemos aprender al examinar lo que los animales extintos vomitaban después de alimentarse”, concluye.

Referencia: 

Knaust. D. et al. The fate of supposed plesiosaur vomit from Jurassic delta deposits offshore Norway. Geological Magazine. 2026.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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