Por primera vez, un estudio documenta de forma sistemática los remedios naturales que consumen los elefantes salvajes en África. En el Monte Elgon de Kenia, el 87 % de estos recursos también son parte de la medicina tradicional indígena. ¿Casualidad?
Los elefantes salvajes que viven en la región del Monte Elgon, en Kenia, parecen buscar plantas concretas con propiedades medicinales cuando están enfermos. Así lo documenta un estudio publicado hoy en la revista Scientific Reports, que ha comparado los testimonios de expertos comunitarios con las propiedades curativas de las plantas consumidas.
Un equipo internacional liderado por el Bernhard Nocht Institute for Tropical Medicine (BNITM, Hamburgo), entrevistó a ocho expertos indígenas Sabaot con más de veinte años de experiencia junto a los elefantes. De los 39 recursos naturales que estos expertos identificaron como parte de la dieta ‘medicinal’ de los elefantes, el 87 % también se usa con fines curativos entre las comunidades locales.
"Por primera vez tenemos una imagen sistemática del posible uso de plantas medicinales por parte de elefantes africanos, basada en el conocimiento local de personas que han convivido con ellos durante años", explica Fabien Schultz, primer autor del trabajo y líder del grupo en Etnofarmacología y Zoofarmacognosia del BNITM.
Sodomepo ('Solanum acaule'), que los elefantes comen por completo del tallo a la raíz. / Schultz et al. 2026
En lugar de observar directamente a los elefantes salvajes Loxodonta africana —una especie peligrosa—, el equipo se apoyó en el conocimiento acumulado de las personas con las que conviven: dos guías, cuatro guardas comunitarios de fauna, un funcionario agrícola jubilado y un exranger del parque. A través de entrevistas semiestructuradas, los expertos describieron qué plantas consumen los elefantes cuando se muestran enfermos y cómo se usan esas plantas en la medicina tradicional local.
Los investigadores prepararon muestras de herbario de todas las plantas mencionadas y las contrastaron con bases de datos internacionales. Aplicaron una metodología que distingue el consumo ocasional de una planta de los casos en los que un animal aparentemente enfermo busca un recurso muy concreto, en pequeñas cantidades y de forma poco habitual.
De los 39 recursos descritos, 25 fueron señalados explícitamente como ‘medicina para los elefantes’, y ocho especies —entre ellas Aloe arborescens, Bersama abyssinica y Ficus natalensis— cumplieron los criterios más estrictos. Varios informantes describieron cómo los elefantes recorren largas distancias hasta un árbol concreto, sin alimentarse por el camino, solo para consumir su corteza o sus hojas.
También se evaluó el consumo de arcilla en las 55 cuevas del Monte Elgon —un comportamiento que les atribuyó el título de ‘elefantes mineros’—, aunque se concluyó que responde sobre todo a una necesidad de sales minerales, no medicinal.
Movin, de los National Museums of Kenya, recogiendo una muestra de corteza. / Kevin Maima - Mount Elgon Foundation
Entre los hallazgos más llamativos están los casos de madres elefante administrando plantas a sus crías, un comportamiento de cuidado hacia otro individuo que los investigadores describen como ‘alomedicación maternal’. El equipo investigador advierte que, por ahora, ni el proceso exacto de preparación ni un beneficio medicinal están confirmados.
Los investigadores apuntan que parte de este comportamiento podría transmitirse socialmente de madres a crías, de forma parecida a como ya se ha documentado en chimpancés. Esto plantea que si los elefantes aprenden observándose entre ellos, ¿habrían aprendido los humanos qué plantas usar imitando a los elefantes?
"La mayoría de las veces, las personas que viven cerca de los animales han conocido sus secretos durante generaciones. Nuestro trabajo como científicos es empezar a hacer las preguntas correctas", apunta la primatóloga Elodie Freymann, coautora del estudio y experta en automedicación en grandes simios.
Los elefantes entran en fila a la cueva de Kitum, Monte Elgon (Kenia); la trompa materna mantiene a la cría a salvo en la oscuridad. / Ian Redmond
La idea de que los animales pueden medicarse a sí mismos —la zoofarmacognosia— no es nueva. En 1987, el primatólogo Michael Huffman observó a una chimpancé llamada Chausiku comportarse de forma extraña en Tanzania: masticaba una planta conocida localmente como ‘hoja amarga’, que no formaba parte de su dieta habitual. Chausiku llevaba días aletargada y sin apetito. Un día después de comer la planta se había recuperado. Más tarde Huffman descubrió que tenía propiedades antiparasitarias.
Aquella anécdota dio origen a toda una línea de investigación. Hoy la lista de animales en los que se documenta algún tipo de autocuidado no deja de crecer: hormigas, abejorros que se automedican frente a infecciones, mosquitos, chimpancés, orangutanes y, recientemente, elefantes.
En 2020, el etnobotánico Alex Greene publicó un estudio centrado en comunidades Karen del norte de Tailandia –en el que colaboró Huffman– que estimó que en torno a un 8% del conocimiento etnoveterinario de los mahouts podría proceder de observar directamente la automedicación de los elefantes.
Greene, que no ha participado en este estudio, considera que "los elefantes africanos son mucho más difíciles de estudiar", porque "los elefantes asiáticos con los que trabajó están semidomesticados".
Por eso valora este primer paso "impresionante", aunque cree que aún hay margen para avanzar: situar estas plantas en el contexto más amplio de la dieta general de los elefantes, profundizar en sus prácticas de cuidado y explorar la dimensión social de estos comportamientos.
Trabajo de campo cerca de la cumbre del Monte Elgon, con el escaso ‘Dendrosenecio johnstonii’ al fondo. / Fabien Schultz
Una de las cuestiones abiertas más interesantes, según Michael Huffman —profesor del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de Nagasaki—, que tampoco ha participado en la investigación, es si las madres elefante administran las plantas de forma selectiva —ante síntomas concretos de sus crías— o si simplemente comparten con ellas su dieta habitual.
El reto ahora es pasar de la observación anecdótica a la prueba científica — algo que, según Greene, "hasta ahora solo ha conseguido el propio Huffman" en chimpancés, y que es mucho más difícil de replicar en elefantes.
Para demostrar la medicación en chimpancés, Huffman analizó las heces de individuos enfermos. Durante la temporada de lluvias, cuando aumentan las infecciones intestinales por parásitos, observó que los chimpancés recurrían a dos estrategias distintas basadas en plantas frente al malestar digestivo. En ambos casos, el análisis de las heces mostró un descenso claro de la carga parasitaria tras el consumo de los recursos.
La recomendación de Huffman es aplicar ese mismo enfoque por etapas para los elefantes. Fabien Schultz ya lo tiene en su hoja de ruta: "queremos seguir a elefantes concretos, filmar la alimentación y las interacciones madre-cría, identificar las plantas que han comido, y probar en laboratorio sus efectos farmacológicos". De momento, el equipo ya ha repartido videocámaras a los guardaparques del Monte Elgon para documentar esos comportamientos.
Marcas de colmillo de elefante en un árbol medicinal, por el desprendimiento de corteza. / Schultz et al. 2026
Los elefantes africanos están amenazados por la pérdida de hábitat y el conflicto con los humanos. Entender que estos animales también necesitan sus plantas medicinales agrava cada episodio de deforestación; no solo se pierde su alimento, también su ‘farmacia’.
"Los elefantes y las personas locales comparten medicinas y dependen de los mismos ecosistemas. Es una historia de One Health", resume Fabien Schultz a SINC. "Entender estas conexiones podría ayudar a proteger el hábitat de los elefantes y a identificar plantas que merece la pena investigar para la medicina humana".
Según el investigador, hasta la mitad de los medicamentos modernos derivan de alguna forma de planta o material natural. 2 de cada 5 especies están amenazadas con la extinción, a pesar de que solo se ha investigado una fracción de la diversidad vegetal del planeta. "La naturaleza contiene soluciones que la química sintética por sí sola no puede reemplazar", recuerda Schultz.
El pionero del campo, Michael Huffman, recuerda que cada especie guarda un conocimiento único, probado a lo largo del tiempo, sobre cómo sobrevivir. Por eso también deben preservarse esas “bibliotecas vivas” que apenas empezamos a leer: "Necesitamos a la naturaleza, la naturaleza no nos necesita a nosotros", sentencia.
Referencia:
Schultz, F. et al. African elephants putatively self-medicate with medicinal plants in the Mount Elgon region, Kenya. Scientific Reports, 2026.
Este estudio ha contado con la colaboración de la Mount Elgon Foundation (MEF), la Neubrandenburg University of Applied Sciences, la East African Wild Life Society – Mount Elgon Elephant Project (EAWLS-MEEP), los National Museums of Kenya, y otros socios locales. Además, está dedicado a la memoria de Jane Goodall y contó con el apoyo de Ian Redmond. El trabajo de campo recibió un Rolex Expedition Award en 2025 y fue reconocido como una Explorers Club Flag Expedition.