La desinformación climática y la disipación del riesgo

La desinformación climática crea confusión, duda y erosiona la confianza en los mensajes lanzados por las instituciones científicas. La percepción del riesgo se desdibuja y disipa, lo que incrementa nuestra vulnerabilidad a los impactos del cambio climático en la salud o en la economía. 

ilustración sobre desinformación climática
La información climática hace referencia a cuestiones cuya complejidad es aprovechada por grupos interesados para erosionar la credibilidad en las instituciones científicas, organizaciones sociales, gobiernos y medios de comunicación en los que trabajan profesionales de la información ambiental y climática. / Adobe Stock 

Corría el año 1985 cuando María Fraguas de Pablo, periodista y profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, publicaba el libro titulado Teoría de la Desinformación, editado por Alhambra. Esta obra constituye uno de los primeros estudios sistemáticos sobre el fenómeno de la desinformación, tan amplificado en nuestros días.

María Fraguas falleció el año pasado, pero nos dejó una obra en la que se describe de forma pormenorizada las características de un fenómeno que se ha convertido en uno de los principales desafíos para la gestión de riesgos tan importantes como los derivados de los impactos del cambio climático.

El Informe de Riesgos Globales de 2026 publicado por el Foro Económico Mundial sitúa la desinformación como segundo riesgo más severo en el medio plazo, mientras que los riesgos provocados por los eventos extremos serán los más severos en el largo plazo (10 años).

El Informe de Riesgos Globales de 2026 publicado por el Foro Económico Mundial sitúa la desinformación como segundo riesgo más severo en el medio plazo, mientras que los riesgos provocados por los eventos extremos serán los más severos en el largo plazo

La Comisión Europea ha desarrollado un Plan de Acción contra la Desinformación, a la que considera una amenaza para los procesos democráticos, la salud, el medio ambiente o la seguridad de los ciudadanos. Antes, la misma Comisión emitió un Comunicado titulado La lucha contra la desinformación en línea: un enfoque europeo, donde diferencia la información errónea y/o falsa (misinformation) de la desinformación (disinformation), y señala que esta última se produce con el fin de obtener beneficios económicos, políticos o militares.

La Comisión Europea deja claro que la desinformación no abarca los errores involuntarios ni limita la libertad de expresión mediante la sátira, la parodia, ni las “noticias y comentarios de carácter partidista claramente identificados”, es decir, no se considera desinformación si se puede diferenciar con claridad la información de la opinión.

De acuerdo con lo expuesto por Fraguas (1985), la desinformación supone la manipulación de la información con el fin de engañar. Esta manipulación está orientada a crear en la opinión pública una representación de la realidad más acorde a los intereses de quien la produce. La desinformación va más allá de la mentira para ofrecer datos que, pudiendo ser ciertos, han sido hábilmente manipulados. También se pueden omitir hechos relevantes en relación con el asunto tratado, o ser incluidos de forma sesgada o descontextualizada.

La desinformación va más allá de la mentira para ofrecer datos que, pudiendo ser ciertos, han sido hábilmente manipulados

En el caso de la desinformación climática, además de las modalidades anteriores, se han encontrado casos de suplantación de la identidad de quien informa, como fue la suplantación de la identidad de la web de la AEMET en 2024. También la difusión de teorías conspiranoicas para explicar los cambios en el clima como consecuencia de los chemtrails, o la articulación de relatos que incluyen hechos ciertos con otros falsos, como el proyecto HAARP. Todo ello con el fin de construir una teoría que pruebe que la crisis climática ha sido creada por poderosas élites globalistas para controlar el mundo. En todos estos casos, y en otras modalidades posibles, hay una intención de engañar y manipular a la ciudadanía.

Un riesgo añadido a los impactos del cambio climático

La información climática hace referencia a cuestiones cuya complejidad es aprovechada por grupos interesados para erosionar la credibilidad en las instituciones científicas, organizaciones sociales, gobiernos y medios de comunicación en los que trabajan profesionales de la información ambiental y climática. Y lo hacen sobre todo desde las redes sociales, las plataformas digitales de intercambio de vídeo y las redes de mensajería.

Climate change misinformation on Twitter, X / Wikipedia

Climate change misinformation on Twitter, X / Wikipedia

Los sucesivos Informes del Observatorio de la Comunicación del Cambio Climático ndican que el negacionismo del cambio climático, en todas sus formas y categorías, así como los discursos de odio, tienen escasa presencia en los medios, mientras que sí constituyen fenómenos de desinformación relevantes en una red social como X.

Con publicaciones virales precedidas de hashtags como “Agenda 2030 criminal” se ha tratado de deslegitimar las soluciones de mitigación y adaptación desplegadas como resultado de largas negociaciones multilaterales impulsadas por las Naciones Unidas, como son El Acuerdo de París o La Agenda 2030

Esto resulta especialmente peligroso ante la creciente utilización de las redes como única fuente de información, especialmente para los más jóvenes, a la vez que crece la evitación de las noticias y la pérdida de confianza en los medios tradicionales, tal y como señala el Informe Digital News Report 2026.

Con publicaciones virales precedidas de hashtags como “Agenda 2030 criminal” se ha tratado de deslegitimar las soluciones de mitigación y adaptación desplegadas como resultado de largas negociaciones multilaterales impulsadas por las Naciones Unidas, como son El Acuerdo de París o La Agenda 2030. Incrementar la polarización política mediante la desinformación es una estrategia eficaz para quienes buscan revertir estos acuerdos y medidas.

Esta desinformación en torno a los grandes acuerdos ha ido acompañada de un vacío informativo sobre los consensos y las soluciones con las que se pretende hacer frente a los complejos impactos ecosociales que los Estudios de Atribución relacionan con la crisis climática: deshielo, sequías, inundaciones, incendios, impactos en el sector primario y en el turismo, etc. Es más, son estos momentos de incertidumbre ante situaciones de emergencia cuando la desinformación más se expande. 

Sirva como ejemplo un bulo ampliamente difundido en relación con los severos incendios acaecidos en el verano de 2026, que situaba el origen del fuego en terrenos incendiados deliberadamente para la instalación de placas fotovoltaicas

Sirva como ejemplo un bulo ampliamente difundido en relación con los severos incendios acaecidos en el verano de 2026, que situaba el origen del fuego en terrenos incendiados deliberadamente para la instalación de placas fotovoltaicas.

Una viñeta del caricaturista alemán Gerhard Mester sobre el negocio del cambio climático. / Imagen de Lommes a través de Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Una viñeta del caricaturista alemán Gerhard Mester sobre el negocio del cambio climático. / Imagen de Lommes a través de Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

La estrategia frente a la desinformación climática

Esta retroalimentación del riesgo que provocan el cambio climático y la desinformación climática puede y debe ser combatida desde la comunicación. En primer lugar, debemos tener en consideración que una información ambiental y climática de calidad constituye un elemento de prevención y adaptación de primer orden. Nos proporciona consciencia y datos para saber cómo actuar ante situaciones de alerta y nos ayudan a tomar decisiones acertadas en nuestro día a día para adaptarnos a unas condiciones ambientales que ya han cambiado.

En la mesa redonda sobre desinformación climática , celebrada en el marco de la Bienal Climática de Avilés el día 15 de septiembre de 2026, se debatió sobre este fenómeno y las posibles soluciones. Se apuntó a un necesario trabajo preventivo de inmunización frente a la desinformación con información ambiental de calidad, y de verificación y desmentido cuando la desinformación ya se ha producido.

Esta retroalimentación del riesgo que provoca la crisis climática y la desinformación puede y debe ser combatida desde la comunicación

Aunque parezca redundante, es importante reivindicar el papel esencial del periodismo en las democracias y su función de contrastar, contextualizar y fiscalizar a los distintos poderes, con el fin de informar a la ciudadanía sobre su responsabilidad y gestión ante los eventos extremos exacerbados por la crisis climática.

Desde el periodismo, es importante evitar la falsa simetría, es decir, otorgar el mismo peso a afirmaciones sin respaldo científico que al conocimiento sustentado en evidencias, además de incidir en la cobertura de las soluciones a través de experiencias cotidianas de mitigación y adaptación que abunden en el bienestar y la salud.

Como servicios públicos, los medios de radiodifusión nacionales y autonómicos están especialmente concernidos por esta labor de prevención y anticipación a la crisis. Por otra parte, la integración de estos en el ecosistema digital supone una oportunidad para expandir la información climática en formatos adaptados dirigidos a los más jóvenes.

La alfabetización mediática y digital se torna esencial y debe ser transversal y a lo largo de la vida, pero es insuficiente ante el poder de los algoritmos en unas redes y plataformas que favorecen los contenidos que generan mayor interacción y polarización

La alfabetización mediática y digital se torna esencial y debe ser transversal y a lo largo de la vida, pero es insuficiente ante el poder de los algoritmos en unas redes y plataformas que favorecen los contenidos que generan mayor interacción y polarización. Por ello, es necesario que haya una rendición de cuentas también por parte de medios y plataformas, a la vez que se incrementa la investigación, la transparencia y regulación en las plataformas y redes sociales.

Estas propuestas están alineadas con las formuladas en el Decálogo de recomendaciones para la comunicación de la crisis climática y la transición ecológica, actualizado en 2026 para adaptar la comunicación climática a un contexto de polarización, desinformación climática y uso cotidiano de la Inteligencia Artificial.

Cada una de estas propuestas, por si solas, son insuficientes, pero desplegadas en una estrategia bien diseñada y consensuada, pueden ayudarnos a combatir la lacra de la desinformación climática, que disipa nuestra percepción del riesgo y nos convierte en una sociedad más vulnerable antes las situaciones de emergencia que están por venir. Que esto no suceda está nuestras manos.

María Gemma Teso Alonso es doctora en Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, coordinadora del Observatorio de la Comunicación del Cambio Climático. 

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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