Un equipo de astrónomos ha podido observar directamente dos galaxias parecidas a lo que fue la Vía Láctea hace millones de años, cuando el universo tenía un 8% de su edad actual. El descubrimiento ha sido posible gracias a la luz de cuásares situados detrás y a la gran sensibilidad del telescopio ALMA, que ha permitido detectar los enormes halos de gas y polvo de estas jóvenes galaxias.
En Cerro Paranal las estrellas no parpadean. La inmovilidad de las luminarias ofrece una extraña visión. Pero la sensación de rareza enseguida queda eclipsada por el deslumbrón de la Vía Láctea, el arco luminoso que cruza la bóveda celeste con una nitidez increíble a ojos desnudos. Allí se divisan los mejores cielos visibles desde la Tierra. Acompañados por una científica del Observatorio Europeo Austral, buque insignia de la ciencia del viejo continente, nos adentramos en el desierto chileno, que alojará el 70% de la capacidad mundial de observación astronómica.
Más del 80% de la población mundial vive bajo cielos contaminados por luces artificiales, y una tercera parte no puede ver la Vía Láctea por la noche debido al brillo que proyectan. Así lo recoge un nuevo atlas mundial de la contaminación lumínica, una consecuencia del desarrollo tecnológico con efectos negativos para la vida silvestre y nuestra visión directa del cosmos.
El radiotelescopio Parkes de Australia ha detectado 883 galaxias más allá de la Vía Láctea, de las que casi un tercio eran desconocidas para los astrónomos. El hallazgo se ha producido en el entorno del enigmático Gran Atractor, por lo que podría aclarar el misterio que rodea a este muro de galaxias que atrae a otras como la nuestra.
Protoestrella emitiendo chorros de gas./ ESA/Hubble & NASA, D. Padgett (GSFC), T. Megeath (University of Toledo), and B. Reipurth (University of Hawaii)
Cuando nació nuestra galaxia, hace unos 13.000 millones de años, surgieron multitud de cúmulos con millones de estrellas, pero con el paso del tiempo han ido desapareciendo. Sin embargo, ocultos tras otras estrellas más jóvenes que se han formado después, todavía sobreviven algunos viejos y moribundos cúmulos estelares, como el denominado E 3. Astrónomos europeos han estudiado ahora a este testigo de los comienzos de nuestra galaxia.
Mientras cartografiaban un tipo de estrellas que varían de brillo, llamadas cefeidas, un equipo de astrónomos ha encontrado un disco de estrellas jóvenes ocultas tras las gruesas nubes de polvo que rodean el corazón de nuestra galaxia. Hasta ahora no se sabía que la Vía Láctea tuviera este componente estelar.
Esta imagen en la que vemos un conjunto de coloridas estrellas y gas fue captada por la cámara de amplio campo WFI (Wide Field Imager). / ESO/G. Beccari