Las auroras polares se producen cuando el viento solar, formado por partículas muy energéticas originadas en el Sol, alcanzan la atmósfera de la Tierra. Su entrada está gobernada por el campo magnético terrestre y por ello solo pueden penetrar por el Polo Norte (auroras boreales) y el Polo Sur (auroras australes). “La emisión de luz se produce en la alta atmósfera, entre 100 y 400 kilómetros, y se debe a los choques del viento solar, compuesto esencialmente por electrones con átomos de oxígeno, lo que origina los tonos verdosos que son los más comunes”, explica Miquel Serra-Ricart, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias. En el año 2000 se detectaron intensas auroras, al coincidir con un periodo de máxima actividad solar.
En la imagen, una aurora austral vista desde el satélite IMAGE de la Nasa en 2005.