Dos aviones idénticos pueden despegar con el mismo consumo de combustible y dejar huellas climáticas distintas. El resultado no depende solo de las emisiones de dióxido de carbono, sino de cómo, cuándo y por dónde operan dentro del espacio aéreo. Incorporar estas variables en la planificación de rutas abre la puerta a rediseñar la actividad aérea para reducir su impacto ambiental.