Algunos de los sismos registrados en Granada y otros más intensos como los vistos en Colombia y Venezuela pueden dejar secuelas psicológicas importantes en la población local. Ante ello, los psicólogos avisan de que es completamente ‘normal’ sentir miedo y ansiedad tras haber sufrido un episodio de estas características y animan a buscar apoyo si los efectos se mantienen en el tiempo.
Este pasado 12 de agosto, millones de observadores en España se han extasiado admirando un espectáculo natural difícil de contemplar. Más allá de la astronomía, la visión de este fenómeno nos deja una huella psicológica: en tiempos antiguos era el terror, pero hoy es un asombro maravillado que tiende a unirnos en comunidad con nuestros semejantes.
Neurobiólogos de la Universidad de California han descubierto en ratones cómo la tensión y el agobio se convierten en pánico en afecciones como el trastorno de estrés postraumático. El estudio, publicado hoy en Science, revela también un método para bloquear esta emoción.
El temor a ser devorado puede impulsar ciertas reacciones, como la de esconderse, por ejemplo. Pero en el caso del topillo rojo, protagonista de nuestro #Cienciaalobestia, el miedo les hace reproducirse más y tener más crías, sobre todo si creen que esta puede ser su última camada.
La respuesta del cerebro al miedo no es la misma si nos asustamos en nuestra lengua materna o en un idioma extranjero, por muy bien que lo conozcamos. Investigadores de las universidades Jaume I, Pompeu Fabra y Nebrija lo han demostrado mediante un estudio experimental que abre la puerta a nuevas terapias.
La amígdala, una región del cerebro tradicionalmente asociada al miedo, posee neuronas encargadas de responder y transmitir información relacionada con hechos agradables. Así lo indica un nuevo estudio, publicado en Neuron, que afirma como la mayoría de las neuronas de la amígdala participan en el circuito de recompensa cerebral.
Por primera vez, un equipo internacional de científicos ha demostrado que la amígdala cerebral humana es capaz de extraer información de manera ultrarrápida sobre posibles amenazas que aparecen en la escena visual. Con el estudio de amígdalas de pacientes que tenían implantados electrodos en estas regiones para diagnosticar epilepsia, los expertos han conseguido nuevos datos sobre cómo viaja la información entre el circuito visual y el emocional.
Un equipo de las universidades Autónoma de Barcelona y de Harvard (EE UU) ha logrado excitar con luz las neuronas de la amígdala cerebral que juegan un papel crucial en los recuerdos relacionados con el peligro. Según los autores, la investigación abre la puerta a nuevas dianas terapéuticas en el tratamiento de las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo o el de estrés postraumático.
Una nueva investigación ha puesto de manifiesto la relevancia de la ayuda de familiares y amigos ante el miedo a la hipoglucemia en pacientes con diabetes tipo 1. Los resultados del estudio mostraron que del total de la muestra analizada casi la mitad, un 45’4%, presentaba esta condición.
Un trabajo liderado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona identifica el papel de las orexinas en los trastornos de ansiedad. Las orexinas están críticamente involucradas en los mecanismos neurales que intervienen en la formación de la memoria emocional en situaciones de miedo.