Un equipo internacional propone considerar el aprendizaje científico como una necesidad crítica en contextos de guerra. La experiencia de una escuela de verano en Úzhgorod muestra cómo sostener las capacidades investigadoras del país.
La guerra destruye laboratorios e instrumentos, pero también las redes humanas que permiten avanzar a la ciencia. Interrumpe la mentoría, las colaboraciones y los vínculos informales que ayudan a formar a nuevas generaciones de investigadores.
En un artículo de opinión (comment) publicado en la revista Nature Genetics, un equipo internacional en el que participa Roderic Guigó, investigador del Centro de Regulación Genómica de Barcelona (CRG), sostiene que proteger la ciencia durante una guerra implica tratar la educación y la formación como una infraestructura, y no como una serie de acciones puntuales.
Los autores se basan en su experiencia al frente de la Ukrainian Biological Data Science Summer School (UBDS3), que se celebra de forma presencial en la Universidad Nacional de Úzhgorod, en el oeste de Ucrania, desde 2023. Este año tuvo lugar del 11 al 25 de julio.
Dado que la ley marcial impide salir del país a la mayoría de los estudiantes y jóvenes investigadores varones, cualquier modelo que dependa de viajar al extranjero los excluye por completo. La UBDS3 lleva a Ucrania a personal investigador de primer nivel y ofrece a sus participantes un punto de contacto con la comunidad científica internacional con la que, de otro modo, tendrían pocas oportunidades de interacción directa.
Lo que empezó como un programa piloto de dos semanas que atrajo a más de cien estudiantes a Úzhgorod, la ciudad más occidental de Ucrania, se celebra desde entonces cada verano. Es gratuito, cubre los gastos de viaje, alojamiento y manutención y se imparte de forma bilingüe, en ucraniano e inglés, con profesorado de instituciones de investigación de referencia de Europa, Norteamérica y Asia, entre ellas el CRG.
La escuela forma parte de un esfuerzo más amplio centrado en Úzhgorod. Una nueva instalación de investigación genómica en la universidad de la ciudad ya ha empezado a ofrecer resultados clínicos, entre ellos la corrección de diagnósticos en pacientes con una forma rara y tratable de diabetes.
“La ciencia de datos biológicos no existía como disciplina organizada en Ucrania antes de esta iniciativa. Mi objetivo es aportar a Úzhgorod todo el conocimiento experto que pueda en el tiempo que me quede y convertirla en la Cambridge de Ucrania”, afirma Taras Oleksyk, autor de correspondencia del artículo, afiliado a la Universidad Nacional de Úzhgorod y a la Universidad de Oakland (Estados Unidos), y uno de los principales impulsores de la escuela.
A partir de esta experiencia, los autores establecen tres principios para construir una capacidad científica resiliente. El primero es una infraestructura computacional descentralizada y basada en la nube que no dependa de ninguna instalación concreta. Los institutos de investigación se enfrentan a daños en las infraestructuras, inestabilidad energética y cortes de suministro, por lo que los flujos de trabajo descentralizados pueden continuar incluso cuando las condiciones locales se ven alteradas por bombardeos u otros ataques.
El segundo es una estructura de “formación de formadores” (train-the-trainer), en la que antiguos alumnos regresan como parte del profesorado en nuevas ediciones de la escuela. Muchas de estas personas vuelven de forma habitual para enseñar a la siguiente promoción de la UBDS3, una cantera que se renueva a sí misma y que ha transformado una serie de cursos en una memoria institucional duradera.

Es una experiencia inolvidable para quienes ejercen de docentes. Es un recordatorio aleccionador de lo privilegiados que somos y de lo frágil que es la estabilidad del mundo en el que vivimos

“Es una experiencia inolvidable para quienes ejercen de docentes. Es un recordatorio aleccionador de lo privilegiados que somos y de lo frágil que es la estabilidad del mundo en el que vivimos”, afirma Guigó.
Por último, los autores reclaman un modelo de colaboración internacional no extractivo, en el que las instituciones asociadas aporten conocimiento y acceso sin captar de forma permanente a quienes participan. El objetivo es que la internacionalización fortalezca la ciencia local en lugar de debilitarla.
Fyodor Kondrashov también forma parte de la dirección científica de la escuela. Exalumno del CRG y antiguo jefe de grupo, actualmente trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, donde dirige la Escuela de Biología Molecular y Teórica. Junto a Oleksyk, y con el apoyo de la Fundación Zimin y la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), ha contribuido a poner en marcha la iniciativa. Roderic Guigó también ha participado en su organización y como docente presencial en ediciones anteriores.
Los autores consideran que las enseñanzas de este modelo van más allá de Ucrania. Desastres climáticos, fallos energéticos, ciberataques o crisis financieras pueden alterar los sistemas de investigación, por lo que una estructura distribuida y centrada en las personas podría aplicarse en otros contextos donde las infraestructuras o la movilidad no estén garantizadas.
En la edición de este año participaron cinco jóvenes investigadores vinculados a centros y universidades de Barcelona a través de las redes del CRG: Julia Rühle e Iseult Leahy, del CRG; Max Ticó, de la Universidad de Barcelona; Guillem Guigó-Corominas, de la Universidad de Girona y la Universidad de Vic; y Helena Crowell, del CNAG. Otros investigadores del CRG han participado en ediciones anteriores.
Referencia:
Oleksyk et al. (2026). Training as infrastructure for biological data science in wartime Ukraine. Nature Genetics. DOI: 10.1038/s41588-026-02702-y