Cuando la anciana Marianne Winkler encontró este año una botella en una playa de la isla de Amrum, en Alemania, poco podía imaginar que el mensaje que llevaba dentro lo habían mandado oceanógrafos británicos hacía casi 110 años. El objetivo de los remitentes era realizar investigaciones pesqueras, y su recompensa por encontrar el mensaje, un chelín, ya ha sido entregada a la descubridora.