Los que conocen la historia de las enfermedades infecciosas saben que la epidemia actual por SARS-CoV-2 no es un fenómeno raro. No es necesario que científicos locos fabriquen virus para infectar a la humanidad. El estudio de varios coronavirus de los cerdos, que aparecieron en las granjas de todo el mundo desde los años 80, permite sacar varias conclusiones sobre la actual COVID-19.
La declaración del estado de alarma del pasado 14 de marzo ha logrado disminuir en un 79,5 % el número de posibles casos de COVID-19 en España, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oviedo. Si no se hubiera tomado esta medida, las infecciones confirmadas hubieran pasado de 126 a 617 mil con fecha 4 de abril.
Laboratorios de siete universidades y seis centros de investigación, militares y veterinarios han recibido la validación del Instituto de Salud Carlos III para colaborar en el diagnóstico de la COVID-19 mediante test PCR. El proceso de evaluación para incorporación de nuevos centros continúa y podría alcanzar la cifra de 50, según el Ministerio de Ciencia e Innovación.
Un proyecto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas analiza datos masivos anónimos que se están obteniendo desde operadoras de telefonía y servidores de mapas. Ayudará a explicar cómo ha cambiado la movilidad durante la pandemia y a la toma de decisiones sobre el final del confinamiento.
Cuando los pacientes con coronavirus comenzaron a llenar las unidades de cuidados intensivos, sus profesionales enseguida prepararon un plan de acción para atender a los cada vez más casos con insuficiencia respiratoria grave, sin olvidar los principios éticos al intubar. Ahora se sigue aplicando ventilación mecánica, se han extremado las medidas de protección individual y se buscan antivirales efectivos.
Mientras la mayor parte de la población aguarda en casa, los sanitarios trabajan expuestos al coronavirus. Los llamamos héroes, pero la mayoría no se sienten así. Lamentan que el repetido mantra de “la mejor sanidad del mundo” nos haga caer en la autocomplacencia. Llevan años reclamando mejoras y piden que los aplausos de los balcones se traduzcan en apoyos cuando todo esto pase.
En la crisis de la COVID-19 se han multiplicado los preprints, trabajos que se hacen públicos antes de revisarse. La velocidad es un arma útil que entraña riesgos al mezclarse trabajos de diferente credibilidad. Los expertos apuntan que el problema es mayor para la opinión pública que para los científicos, cuestionan las publicaciones tradicionales y creen que las formas de difundir la ciencia van a sufrir una revolución.
Solo una tigresa, dos perros y un gato han dado positivo en COVID-19, pero aún es pronto para saber la importancia de estos contagios, dice Rodríguez Ferri. Para una mejor prevención de este tipo de enfermedades, el científico recomienda que los veterinarios se incluyan en los comités de expertos de la COVID-19.
¿Cuál es el número real de casos de COVID-19 en China? Las diferentes fuentes dan cifras dispares. Oficialmente el número de casos confirmados en el país es de 83.039, de los cuales 3.340 han fallecido, con una tasa de letalidad total del 4 %.
Los proyectos, seleccionados y aprobados para su financiación por el Instituto de Salud Carlos III, evaluarán tratamientos antivirales, test diagnósticos con nanotecnología, reposicionamiento de fármacos utilizados en otras indicaciones y prevención farmacológica en personas sin infección por coronavirus.