Aves como elalcaudón dorsirojo (Lanius collurio), amenazada en Europa, alcanzan su máxima abundancia entre los 10 y 19 años después del fuego.
Ejemplar vivo de un gasterópodo terrestre muy común en la Península Ibérica, Cernuella virgata, una de las especies más favorecidas tras el incendio.
Un equipo de investigadores españoles ha medido la degradación del suelo del planeta a partir del Análisis de Ciclo de Vida (ACV), una metodología científica que analiza el impacto ambiental de las actividades humanas en el que por primera vez se incluyen indicadores de desertificación. Los resultados demuestran que el 38% del mundo son zonas áridas en riesgo de desertificación.
Obtienen una imagen en alta resolución de los incendios de Grecia
Representación espacial de los cambios en la vegetación a lo largo de varios años si no hubiera incendios ni perturbaciones en un paisaje del sudoeste de Madrid.
Según el estudio que acaba de publicar un equipo de investigadores del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, la maduración de los bosques a escala regional afecta los cambios de distribución de las especies de aves, mientras que los incendios inciden positivamente en especies que están desapareciendo en otras regiones europeas.
Un ejemplar de escribano hortelano (Emberiza hortelana).
Los modelos matemáticos se convierten en un instrumento científico de relevancia en un país como España y en una comunidad como Aragón, en particular, con terrenos muy secos y temperaturas muy elevadas que favorecen la aparición de fuegos que se propagan a gran velocidad. Hoy en día es posible predecir con bastante exactitud cómo va a evolucionar un incendio. Parámetros como la temperatura, el grado de inclinación del monte y características del viento son determinantes para poder describir con un alto nivel de precisión la evolución, por ejemplo, de un incendio forestal.
Columnas de humo del incendio que asoló California en octubre de 2007, captadas por el proyecto MODIS de la NASA.
Un equipo del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de León ha elaborado un programa específico de entrenamiento que es capaz de reducir la siniestralidad en el colectivo de trabajadores de las brigadas de incendios forestales. Estos equipos son los encargados de establecer las primeras líneas de defensa ante un fuego, y soportan intensas jornadas de trabajo de entre cuatro y ocho horas. A través de la valoración de las repercusiones en la salud de estos trabajadores de los equipos ignífugos que utilizan, el equipo investigador leonés estableció una serie de parámetros para una preparación física adecuada que facilitara las labores de extinción de los incendios forestales.