Los niveles de dióxido de carbono, causantes del efecto invernadero, han aumentado más entre 2012 y 2013 que durante cualquier otro año desde 1984, según se indica en el Boletín anual de la Organización Meteorológica Mundial.
Un equipo internacional de investigadores, con participación de la Universidad Jaume I de Castellón, ha creado un sensor que detecta el ozono en concentraciones inferiores y de forma más rápida que con otras técnicas. La presencia de este gas en concentraciones elevadas puede causar problemas de salud.
Un estudio llevado a cabo por científicos del CREAF y del CSIC ha demostrado que el índice de reflectancia PRI permite cuantificar los gases que emiten las plantas para comunicarse entre ellas o en situaciones de estrés. Este índice se calcula midiendo la luz que la vegetación refleja con la ayuda de foto sensores en aviones o mediante imágenes de satélite.
Los datos recogidos por la misión Envisat de la ESA y por el satélite japonés GOSAT desvelan que los niveles de dióxido de carbono aumentaron cerca de un 0,5% anual entre 2003 y 2013, principalmente por las emisiones derivadas del uso de los combustibles fósiles. Los niveles de metano también se han incrementado desde 2007.
El uso de productos químicos con gases contaminantes (clorofluorocarbonos) creó, a mediados del siglo XX, el conocido ‘agujero’ de la capa de ozono. Una investigación internacionaldemuestra por primera vez que este fenómeno juega un papel importante en el cambio climático, al menos en el hemisferio sur, y es responsable del incremento de las precipitaciones de los veranos tropicales.
Desde el pasado sábado el Centro de Desarrollo de Tecnologías de Captura de CO2 situado en León ya está en marcha. Los técnicos lograron encender los cuatro quemadores de la caldera de Carbón Pulverizado (CP), de forma simultánea y estable, dando por cumplido el hito de la puesta en marcha del primer centro de captura de CO2 en España.
Los suelos europeos están destinados sobre todo a la producción agrícola o a los montes. Con el advenimiento de un cambio climático, es esencial conocer la cantidad de gases de efecto invernadero que están siendo liberados a la atmósfera, o fijados por la biomasa y suelos en los montes, agricultura y producción animal, que podrían ejercer de fuentes o sumideros. Por ello, se ha iniciado con la participación de la Universidad de Granada uno de los mayores proyectos de investigación europeos sobre estos procesos, GHG Europe. Las contribuciones de los Estados miembro, de las universidades y centros de investigación asciende a más de 12 millones de euros.
Investigadores estadounidenses confirman, en un estudio que se publica esta semana en Science, que los efectos reales de las emisiones de CO2 en la atmósfera son diferentes a los que vaticinan el Protocolo de Kyoto y el Panel Intergubernamental Sobre Cambio Climático (IPCC), porque olvidan calcular la interacción de los gases con los aerosoles. El nuevo hallazgo ayudaría a mejorar las estrategias para frenar el calentamiento global.