Los pasados días 15 y 16 de agosto se produjo un nuevo episodio de mortalidad masiva de peces y crustáceos en el Mar Menor. Mientras los ecologistas confirman que la muerte de estos animales podría continuar durante los próximos días, un equipo del Instituto Español de Oceanografía analiza ya las evidencias científicas disponibles para entender las causas, así como su origen, fruto de un déficit de oxígeno del agua y el sedimento.
A lo largo del trimestre, las precipitaciones estuvieron un 33 % por debajo del valor normal, aunque la estación fue lluviosa en el sureste peninsular, según la Agencia Estatal de Meteorología. El verano, que comenzará próximo el 21 de junio, será probablemente más seco de lo habitual en el noroeste peninsular y más cálido de lo normal en toda España.
La temperatura y la humedad de los nidos de herrerillos comunes pueden afectar a la presencia de parásitos. Según un estudio que predice los efectos del cambio climático sobre el parasitismo, el aumento de la temperatura en los nidos reduce la presencia de parásitos externos, pero incrementa la de parásitos en sangre.
Las condiciones climáticas están cambiando a un ritmo sin precedentes, lo que afecta sobre todo a peces, anfibios y reptiles, animales ectotermos que no son capaces de generar su propio calor interno. Con las olas de calor y el incremento de temperaturas, estos organismos experimentan no solo un aumento de la velocidad de crecimiento y estrés térmico, sino también un mayor envejecimiento.
La ausencia de agua en el ambiente afecta más a la tolerancia térmica de las lagartijas que la falta de comida, según un estudio liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Los autores recalcan que los efectos de las sequías en la supervivencia de las especies terrestres frente a la crisis climática se han estudiado cinco veces menos que los del aumento de la temperatura.
El año 2019 fue el segundo año más cálido en el mundo y el más cálido en Europa. En España, desde los años 60, la temperatura ha aumentado 0,3 ºC cada década. De hecho, cinco de los seis años con mayores temperaturas se han registrado en esta última década. Estas son algunas conclusiones del primer informe anual del estado del clima de la AEMET.
Las costras biológicas, compuestas por comunidades de organismos que viven en la superficie del suelo, pueden mitigar los efectos inducidos por el aumento de temperatura y la disminución de lluvia sobre la disponibilidad de metales en el suelo. Así lo demuestra un experimento de campo de siete años de duración en el que participa la Universidad Autónoma de Madrid.
Hasta ahora, los insectos de los trópicos parecían ser los más amenazados por el cambio climático al vivir al límite de su temperatura óptima. Un equipo internacional de científicos, con participación española, ha analizado los datos existentes y concluye que los insectos de zonas templadas, como España, serían tan vulnerables al aumento de temperaturas como los insectos tropicales.
La musaraña gris, distribuida por toda la península ibérica, es muy sensible a las variaciones del clima, que le permite regular su metabolismo. A pesar de ello, un estudio muestra que el cambio climático no afecta tanto a sus poblaciones como el tipo de hábitat en el que vive.