Investigadores del Instituto de la Viña y el Vino de Ponferrada, un centro de investigación adscrito a la Universidad de León, han comenzado el desarrollo de un hongo transgénico que sirva de sustituto de otro que causa la mayoría de los aromas fúngicos del vino, un mal olor que puede reducir la calidad de este producto. El desarrollo de este organismo modificado genéticamente tiene un importante obstáculo bioético y legal: está prohibido el uso de organismos alterados por el hombre para la alimentación humana. Para salvar este problema, los científicos plantean formas para evitar que este hongo permanezca en la botella.
Un investigador del Instituto de las Ciencias de la Vid y el Vino (centro mixto CSIC-Universidad de La Rioja) ha presentado hoy en León un sistema que consigue mayor cantidad de manoproteínas de la levadura que actúa en la fermentación del vino. Los científicos han mejorado el rendimiento de la producción de esta substancia, que confiere características de mayor calidad a los caldos, a partir de la obtención de cepas superproductoras. Los biotecnólogos aseguran que ahora pueden desarrollar decenas de cepas según las necesidades de la industria.
La Unidad de Construcción del centro vasco Tecnalia ha desarrollado un "revolucionario material, innovador y sostenible", para fabricar tapones de botellas de vino. El objetivo del proyecto PLACOTOP es sustituir los tapones de plástico para el vino por tapones formados por un material composite.
El corcho es el material tradicionalmente utilizado para cerrar las botellas de vino. Antes de su extracción de la corteza del alcornoque o durante el proceso industrial que convierte a esta materia prima en tapón, el corcho puede adquirir substancias de origen microbiano que causan en el vino olores desagradables, a rancio y húmedo, los primeros que se perciben. Los más importantes aromas fúngicos, como se denominan técnicamente estos malos olores, son producidos por cloroanisoles, compuestos volátiles. El mayor productor es el hongo Trichoderma longibrachiatum.
El centro tecnológico NEIKER-Tecnalia investiga la influencia que tiene la utilización de una cubierta vegetal temporal y diferentes dosis de riego sobre la producción, el vigor de las vides y la calidad de la uva y el vino. Los primeros resultados muestran una reducción de la disponibilidad hídrica del viñedo, que se refleja en una disminución de la producción y vigor, así como en una mejora de los parámetros de calidad del mosto y del vino. El estudio ayudará a la comunidad viticultora a conocer mejor los viñedos y modificar sus prácticas de cultivo.
El Grupo de Óptica del Departamento de Física de la UPNA ha diseñado una nueva metodología para clasificar el color y apariencia de los vinos a través de una medida instrumental objetiva. Los resultados de este método, publicados en las prestigiosas revistas European food research and technology y Color research and application, son fruto de los proyectos de Fin de Carrera de Javier Fernández de la Hoz Múgica y Juan Vicente de Santiago Guijarro, alumnos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos (ETSIA).
Un grupo de científicas de la Universidad de Navarra ha desarrollado un nuevo método de análisis para medir en los caldos las ocratoxinass, sustancias que están clasificadas como posibles cancerígenos en el vino. Las investigadoras las han evaluado en vinos de denominación de origen Navarra, y prevén estudiar muestras de otros orígenes.
Las afecciones relacionadas con los hongos de la madera en viña han crecido casi a la misma velocidad en la que se han plantado nuevas vides y se han creado bodegas. Estos patógenos afectan a las cepas y a las más veteranas. El Instituto de la Viña y el Vino de la Universidad de León (ULE) ha conseguido avances en este campo.
El Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (Irnasa), en colaboración con la Universidad de La Rioja, está investigando la mejora de los suelos de viñedo. Un sustrato orgánico empleado como abono para champiñones y setas podría ofrecer ventajas para los agricultores, como aumentar la riqueza en materia orgánica en los terrenos, y evitar la contaminación que se produce por el empleo de fungicidas en la vid.