El nuevo documento revela avances lentos y desigualdades estructurales que condicionan la participación femenina en el sistema español de innovación, especialmente en la transferencia, la financiación pública y los ámbitos tecnológicos.
La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha presentado este jueves el informe Mujeres e Innovación 2026, cuarta edición de la serie bienal iniciada en 2020, un análisis exhaustivo que radiografía la presencia femenina en el sistema español de innovación y que confirma un avance real, pero insuficiente. Durante el acto, Morant subrayó que “un sistema de innovación que incluye a todo su talento es más justo y más eficaz”.El estudio, elaborado por el MICIU y la FECYT, combina datos administrativos, encuestas y grupos focales, y concluye que las desigualdades de género siguen siendo estructurales y se amplifican en los puntos críticos del proceso innovador: financiación, transferencia de conocimiento y liderazgo.
Los datos dibujan un escenario persistente: solo el 29,2 % del personal interno dedicado a actividades de innovación en 2024 eran mujeres, una proporción prácticamente estancada en los últimos años.
Aunque el empleo generado por proyectos financiados mejora ligeramente esa cifra —situándose en torno al 34 %—, el núcleo del sistema continúa marcado por una fuerte masculinización, sobre todo en sectores tecnológicamente avanzados.
Las brechas sectoriales son pronunciadas: mientras que áreas como el textil muestran mayoría femenina, ámbitos de alto valor añadido como tecnologías de la información, electrónica o industria avanzada registran un claro dominio masculino.
Morant reconoció abiertamente estas limitaciones: “Avanzamos más despacio de lo que nos gustaría”. Y situó parte del problema en la definición tradicional de la innovación. “Ampliar el concepto de innovación es ampliar el futuro”, afirmó. El informe insiste en esta idea: si la innovación se entiende solo como tecnología o patentes, buena parte de las contribuciones femeninas queda invisibilizada.
El desequilibrio se aprecia con claridad en los indicadores clásicos de la innovación. En 2024, solo el 27,8 % de las personas inventoras en solicitudes de patentes PCT eran mujeres, pese a que un 41 % de las solicitudes incluían al menos una mujer en el equipo.
De nuevo, la diferencia revela un patrón constante: las mujeres participan, pero asumen menos posiciones de liderazgo inventivo. En el CSIC, por ejemplo, se observa un aumento de inventoras principales —42,6 % en 2024—, aunque concentradas sobre todo en disciplinas biomédicas y agrarias. En tecnologías físicas o de materiales, la presencia femenina es claramente inferior.
La transferencia de conocimiento reproduce esta tendencia. El personal investigador del CSIC involucrado en estas actividades se mantiene desde hace una década con mayoría masculina, mientras que los puestos de gestión —de menor visibilidad y menor proyección de carrera— se encuentran ampliamente feminizados. En las universidades, la participación de las mujeres es elevada en investigación competitiva y gestión, pero baja cuando se trata de liderar proyectos de transferencia o de promover spin-offs. De hecho, en 2023 solo el 28,3 % de las nuevas spin-offs universitarias incluían mujeres en el equipo promotor.
Uno de los hallazgos más consistentes del informe es que las brechas de género no se generan tanto en la evaluación de proyectos como en el acceso a las convocatorias. “El problema no está tanto en la evaluación como en el paso previo: quién se presenta”, enfatizó Morant. Los datos lo confirman.
En las convocatorias de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), las mujeres alcanzan tasas de éxito equivalentes a las de los hombres, especialmente en ciencias de la vida. Sin embargo, su participación es mucho menor en áreas STEM y también lo es su presencia como investigadoras principales. En programas clave como Prueba de Concepto o Colaboración Público-Privada, su liderazgo cae hasta porcentajes marginales en ingeniería o física.
La brecha se amplía en el ámbito empresarial. En las ayudas del CDTI, solo el 23,6 % del empleo existente en empresas innovadoras financiadas corresponde a mujeres, y en los programas de mayor intensidad tecnológica —como Proyectos Estratégicos, Duales o Misiones— su presencia es aún menor. Más aún: en 2024 no hubo ninguna mujer presidiendo comisiones de selección del CDTI.
La encuesta incluida en el informe refuerza este diagnóstico. Entre las mujeres innovadoras, el 87,6 % señala la burocracia como barrera para postularse a convocatorias, y un 42,4 % identifica estructuras dominadas por liderazgos masculinos como factor disuasorio. Los porcentajes entre los hombres son sensiblemente menores.
En emprendimiento femenino se observa un movimiento similar. España mantiene niveles moderados de actividad emprendedora —con una tasa femenina del 6,8 % según el GEM—, pero la brecha tecnológica es notable: el 93 % de los negocios emprendidos por mujeres operan en sectores de bajo nivel tecnológico, frente al 85 % de los liderados por hombres. Esta brecha se mantiene incluso cuando los proyectos se consolidan.
Pese a ello, los niveles de innovación declarada han aumentado: casi el 50 % de los nuevos negocios liderados por mujeres afirma haber introducido un producto o proceso innovador en el último año, un incremento notable respecto a ediciones previas.
El informe detecta mejoras en la representación femenina en órganos de decisión, aunque con techos visibles. En los consejos del IBEX‑35, las mujeres rozan el 40 %, pero las presidencias siguen siendo excepcionales. En las pymes innovadoras certificadas por el MICIU, solo el 15 % de las representantes legales son mujeres.
En el ámbito local, la Red INNPULSO muestra mayor equilibrio, con cerca del 40 % de alcaldesas. Sin embargo, en los órganos asesores estatales —CACTI o CPCTI— la presencia femenina fluctúa y ha retrocedido tras los picos paritarios de 2020–2022.