Los azúcares fueron clave en la evolución humana

No solo la carne alimentó el desarrollo del gran cerebro humano. Un estudio reconstruye cuatro millones de años de dieta y estima que los azúcares de la fruta, la miel y otros alimentos aportaron entre el 20 % y el 35 % de la energía durante gran parte de ese periodo. Su glucosa habría sostenido el crecimiento cerebral y la reproducción.

Las seis etapas de la evolución de los homininos utilizadas en el modelo:
Las seis etapas de la evolución de los homininos utilizadas en el modelo: chimpancé, Australopithecus afarensis ('Lucy'), Homo habilis, Homo erectus temprano y tardío, y Homo sapiens. Se muestran machos y hembras gestantes. / Mark Budd.

Durante décadas, la evolución de la dieta humana se ha explicado sobre todo a partir del consumo creciente de carne, grasa y proteínas animales. Un nuevo análisis publicado en Science amplía ese relato. Antes de que el dominio del fuego permitiera aprovechar mejor los almidones, los azúcares de la fruta, la miel y otros alimentos vegetales habrían suministrado buena parte de la glucosa que necesitaba un cerebro cada vez mayor.

Integra evidencias metabólicas, fisiológicas, genéticas y fósiles, junto con datos sobre la dieta de primates y cazadores-recolectores actuales

El trabajo, dirigido por Jennie Brand-Miller, profesora emérita de la Universidad de Sídney (Australia), combina datos sobre metabolismo y fisiología con evidencias procedentes de la dentición fósil, los isótopos estables, la genética y la alimentación de primates y grupos cazadores-recolectores actuales.

Los autores modelizaron la dieta y las necesidades energéticas de seis etapas representativas: chimpancés, utilizados como aproximación al último ancestro común; Australopithecus afarensis, la especie de Lucy; Homo habilis; dos fases de Homo erectus; y Homo sapiens. El modelo incorpora el aumento progresivo del tamaño cerebral y diferentes proporciones de alimentos animales y vegetales.

Reconstrucción de Australopithecus afarensis ('Lucy'), utilizada en el modelo evolutivo del estudio. / John Gurche / Science.

Según sus estimaciones, los primeros homininos pudieron obtener más del 65 % de su energía de los azúcares presentes en frutas y otros productos dulces. A medida que aumentó el consumo de alimentos animales y apareció la cocina, esa proporción descendió, pero los azúcares habrían seguido aportando entre el 20 % y el 35 % de la energía durante buena parte de la evolución humana.

Brand-Miller subraya que la hipótesis no se apoya en una única prueba. “Es el conjunto de evidencias lo que permite construir un argumento sólido. La dieta de los chimpancés contiene alrededor de un 75 % de carbohidratos, en su mayoría fruta madura rica en azúcares, y compartimos con ellos un último ancestro común”, explica a SINC.

La dieta de los chimpancés contiene alrededor de un 75 % de carbohidratos, en su mayoría fruta madura rica en azúcares, y compartimos con ellos un último ancestro común

Jennie Brand-Miller, líder del estudio (Universidad de Sídney)

A ello se suman otras pistas evolutivas. “La visión tricromática nos permite distinguir por el color los frutos más maduros y con mayor contenido de azúcar, algo que no ocurre con los alimentos de origen animal”, señala.

La investigadora menciona también una evidencia fisiológica: “Perdimos la capacidad de sintetizar vitamina C, que obtenemos principalmente de la fruta. En estos alimentos, la vitamina C y los azúcares aparecen juntos”, añade.

“Los dientes fósiles de primates presentan caries. Además, los cazadores-recolectores actuales aprecian especialmente la fruta y la miel y, en algunos grupos, los azúcares pueden aportar hasta el 35 % de las calorías”, comenta Brand-Miller. La miel, por ejemplo, contiene entre un 85 % y un 90 % de azúcares.

Los dientes fósiles de primates presentan caries. Además, los cazadores-recolectores actuales aprecian especialmente la fruta y la miel y, en algunos grupos, los azúcares pueden aportar hasta el 35 % de las calorías

Jennie Brand-Miller

La comparación con otros primates aporta otro argumento. “Nuestras necesidades de proteínas son menores que las de la mayoría de los primates, alrededor del 15 % de las calorías, mientras que nuestro modelo indica que necesitamos cerca de un 50 % en forma de carbohidratos”, afirma.

A esto se añaden unas necesidades energéticas totales muy elevadas. “Esas calorías proceden de los carbohidratos, presentes en las plantas, y de las grasas, que se encuentran, por ejemplo, en los huesos”, explica.

Glucosa para un cerebro exigente

Aunque representa menos del 2 % del peso corporal de una persona adulta, el cerebro humano consume alrededor del 20 % del metabolismo basal. En la infancia, este gasto relativo es todavía mayor. Además, los glóbulos rojos, parte de los riñones, la placenta, el feto y las glándulas mamarias dependen también de la glucosa.

Los autores estiman que la demanda total alcanza entre 150 y 200 gramos diarios de glucosa en los adultos y entre 200 y 250 gramos en las mujeres embarazadas o lactantes. El organismo puede producir una parte a partir de aminoácidos, lactato y glicerol, pero este proceso es limitado, costoso y no siempre cubre todas las necesidades.

Los alimentos animales y vegetales cumplieron funciones complementarias: las grasas y las proteínas aportaron energía, mientras azúcares y almidones suministraron glucosa al cerebro

La revisión no resta importancia a la carne. Los alimentos animales proporcionaron proteínas y grasas con una gran densidad energética, facilitaron la reducción de los dientes, las mandíbulas y el aparato digestivo, y ayudaron a cubrir las necesidades de los tejidos que no dependen de la glucosa.

La propuesta de los autores es que los alimentos animales y vegetales desempeñaron funciones complementarias. Las grasas y las proteínas aportaban energía y nutrientes esenciales, mientras que los azúcares y, más tarde, los almidones cocinados suministraban glucosa al cerebro y a otros tejidos.

El peso de la reproducción

El análisis presta especial atención al embarazo y la lactancia, dos etapas que suelen quedar fuera de las reconstrucciones de la dieta prehistórica. Para Brand-Miller, su importancia es decisiva: “El éxito reproductivo determina si una especie prospera o se extingue. Las mujeres soportan la carga nutricional de encontrar suficientes carbohidratos para sostener el crecimiento del feto”.

El feto y la placenta consumen juntos alrededor de 70 gramos de glucosa al día. Después del parto, las necesidades continúan durante la lactancia.

Durante la lactancia, la mujer utiliza unos 90 gramos adicionales de glucosa al día para sintetizar los carbohidratos de la leche humana

Jennie Brand-Miller

“Durante la lactancia, la mujer utiliza unos 90 gramos adicionales de glucosa al día para sintetizar los carbohidratos de la leche humana”, explica la científica a SINC.

La investigadora destaca también una característica distintiva de nuestra especie. “El feto humano nace con mucha más grasa que la mayoría de los primates, y esto se relaciona con su capacidad para sobrevivir durante las primeras semanas. La proporción de grasa está vinculada al nivel de glucosa en sangre de la madre”, señala.

El modelo indica que una escasez de carbohidratos podría provocar un déficit de glucosa en las mujeres en edad reproductiva, incluso con suficientes calorías, y afectar a la reproducción. Además, una madre necesitaría unos 60 gramos extra al día para cubrir la mitad de las necesidades de un hijo, cuyo cerebro demanda por kilo hasta tres veces más glucosa que el de un adulto.

De la fruta al almidón cocinado

El control del fuego cambió este escenario. La cocción facilitó la digestión del almidón de semillas, raíces y tubérculos, que sustituyó de forma progresiva a parte de los azúcares de la fruta y la miel como fuente de glucosa.

La fecha exacta de esta transición sigue siendo incierta. “La principal duda es qué proporción de los carbohidratos procedía del almidón cocinado. La fecha del uso controlado del fuego para cocinar sigue en debate”, reconoce Brand-Miller.

“En las tres últimas etapas del modelo aumentamos la proporción de almidón hasta alcanzar una relación de 50:50 entre almidón y azúcares, similar a la de las dietas modernas”, señala.

El modelo estima que, en 'Homo sapiens', los azúcares y el almidón aportaban alrededor de una cuarta parte de la energía cada uno, frente al 19 % de las proteínas

Para una población de Homo sapiens cuya dieta incluyera un 65 % de alimentos vegetales y un 35 % de alimentos animales, el modelo estima que los azúcares y el almidón aportaban alrededor de un 25 % de la energía cada uno, frente a un 19 % procedente de las proteínas.

La disponibilidad de carbohidratos también habría variado con las estaciones y el clima. La escasez de fruta y miel pudo impulsar la búsqueda de nuevos recursos, el uso de herramientas y el desarrollo de estrategias más complejas, además de afectar a la reproducción y la supervivencia de algunas poblaciones.

Una imagen distinta de la dieta paleolítica

La revisión cuestiona la idea popular de que nuestros antepasados se alimentaban casi exclusivamente de carne. “Este trabajo cuestiona claramente la idea de que podríamos prosperar solo con alimentos animales. Los hombres adultos podrían desenvolverse bien, pero no las mujeres en edad reproductiva”, destaca a SINC Brand-Miller.

Los autores distinguen entre los azúcares naturales de frutas, raíces y miel y los azúcares añadidos actuales

“El mensaje es que los humanos necesitan una dieta equilibrada: algo de carne, algo de grasa y muchos carbohidratos procedentes de alimentos vegetales”, resume.

Los autores distinguen, además, entre los azúcares que nuestros antepasados obtenían de frutas, raíces y miel, acompañados de fibra y otros nutrientes, y los azúcares añadidos de muchos productos actuales. La fruta entera no produce los mismos efectos que las bebidas azucaradas, mientras que numerosos carbohidratos refinados han perdido parte de sus nutrientes y generan una respuesta glucémica diferente.

La expansión del cerebro humano, concluyen, no dependió solo de la carne y la grasa. También necesitó la glucosa de la fruta y la miel y, más tarde, la liberada por los almidones cocinados.

Referencia

Jennie Brand-Miller, Karen Hardy, David Raubenheimer y Les Copeland. “A central role for dietary sugars in human evolution”. Science, 2026.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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