Un nuevo estudio revela el mecanismo por el que la cocaína altera el funcionamiento del hipocampo y provoca la compulsión continua por consumir esta sustancia. El hallazgo contribuye a la búsqueda de nuevos tratamientos contra la adicción.
Cuando una persona que ha sido adicta a la cocaína recae en su consumo, se suele echar la culpa a una supuesta falta de voluntad por dejar esta droga. Pero un nuevo estudio señala que podría ser el resultado biológico de una reconfiguración de su cerebro.
Un equipo científico de la Universidad de Michigan (EE UU) ha descubierto que la cocaína altera el funcionamiento del hipocampo, lo que contribuye a la compulsión continua por buscar la droga. La investigación, publicada en Science Advances, no solo explica por qué la adicción a la cocaína es tan difícil de tratar, sino que también podría ayudar a desarrollar nuevas terapias farmacéuticas.

La adicción es una enfermedad. Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas adictas, del mismo modo que necesitamos encontrar curas para el cáncer

“La adicción es una enfermedad en el mismo sentido que el cáncer”, afirma a SINC el autor principal, A.J. Robison, profesor de neurociencia y fisiología en la universidad estadounidense. “Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas adictas, del mismo modo que necesitamos encontrar curas para el cáncer”.
En España, según los datos de 2023 del Ministerio de Sanidad, más de 100 000 personas entre 15 y 64 años son “usuarios problemáticos de cocaína”, es decir, personas que han consumido cocaína 30 o más días en el último año, lo cual es un indicador de uso habitual y potencial dependencia.
Andrew Eagle, antiguo investigador postdoctoral en el laboratorio de Robison y autor principal del artículo, descubrió un elemento clave responsable de la compulsión: una proteína llamada DeltaFosB. En concreto, utilizó una forma especializada de la tecnología CRISPR para examinar el papel que desempeña esta proteína en circuitos cerebrales específicos cuando los ratones se exponen a la cocaína.
“Observamos que el consumo repetido de cocaína aumenta los niveles de la proteína DeltaFosB en las neuronas del hipocampo. Esta proteína actúa como un interruptor genético, activando y desactivando otros genes. A medida que se acumula DeltaFosB, cambia el funcionamiento de las neuronas”, explica Eagle a SINC.
El investigador destaca que DeltaFosB no solo está asociada a estos cambios, “sino que es necesaria para que se produzcan. Sin ella, la cocaína no produce los mismos cambios en la actividad cerebral ni el mismo impulso intenso de buscar la droga”, añade. Además, cuanto más tiempo se consume, más se acumula esta proteína en el circuito.

El consumo repetido de cocaína aumenta los niveles de la proteína DeltaFosB en las neuronas del hipocampo. Esta proteína actúa como un interruptor genético, activando y desactivando otros genes

El equipo investigador también descubrió otro grupo de genes controlados por DeltaFosB tras el consumo crónico de cocaína. Uno de esos genes, llamado calreticulina, ayuda a regular la forma en que las neuronas se comunican entre sí. Su trabajo demostró que la calreticulina contribuye a acelerar el motor del cerebro para buscar compulsivamente más cocaína.
“En el estudio examinamos el mecanismo de esta proteína en un circuito muy específico y demostramos que la exposición a la cocaína provoca cambios en la expresión de genes críticos para la señalización del calcio y la activación de este circuito. El resultado es que el circuito se volvía menos activo en los ratones, lo que conducía a una mayor búsqueda y consumo de cocaína”, dice Robison.
El investigador señala que los mecanismos de prácticamente todas las drogas de abuso tienen en común que aumentan la señalización de la dopamina en el núcleo accumbens, pero sus mecanismos varían. En el caso de la cocaína, la droga bloquea la recaptación de dopamina, lo que permite que se acumule en el accumbens y prolonga sus acciones, mientras que los opiáceos (como la heroína o el fentanilo) provocan un aumento de la actividad de las neuronas dopaminérgicas en el área tegmental ventral, lo que hace que liberen más dopamina en el accumbens.
“Nuestro estudio muestra que la cocaína también cambia la expresión génica para disminuir la excitabilidad de las neuronas del hipocampo que estimulan el núcleo accumbens, pero es probable que este no sea el caso de los opiáceos”, destaca.
Estos hallazgos en modelos de ratón podrían tener aplicaciones directas en los seres humanos, que comparten muchos de los mismos genes y circuitos similares.
Por eso, laboratorio de Robison está colaborando con investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Texas para crear compuestos que actúen sobre DeltaFosB.
Actualmente el tratamiento para la adicción a la cocaína o las recaídas se basa en clínicas de asesoramiento y rehabilitación, que no son eficaces para algunos pacientes.
“Si pudiéramos encontrar el tipo de compuesto adecuado que funcione de la manera correcta, eso podría ser potencialmente un tratamiento para la adicción a la cocaína”, dice Robison. “Eso está a años de distancia, pero es el objetivo a largo plazo”.
El experto destaca que este nuevo estudio, además de ahondar en la comprensión general del procesamiento de las recompensas en el cerebro, “puede ayudar a desestigmatizar los trastornos por consumo de sustancias y hacer que la percepción social avance hacia la comprensión de que la adicción es una enfermedad, y no simplemente una debilidad o un fallo de la fuerza de voluntad”.
Referencia:
Andrew Eagle, A.J. Robison et al. Transcriptional regulation of ventral hippocampus-nucleus accumbens circuit excitability drives cocaine seeking. Science Advances (2026).