Las aves que vuelan distancias largas sufren ‘jet lag’

Un estudio británico revela que las aves marinas, como las pardelas pichoneta, sufren desfases entre sus relojes internos y la hora local a la hora de recorrer grandes distancias en un mismo día, lo que les hace desviarse ligeramente en su ruta. Esto sucede porque usan el sol para orientarse, incluso cuando existen otros métodos disponibles.

Una pardela pichoneta posándose en el mar.
Una pardela pichoneta sobrevolando la isla de Skomer, en Pembrokeshire, Gales./ Joe Wynn.

Un equipo científico dirigido por la Universidad de Oxford (Reino Unido) ha descubierto que las aves marinas que vuelan largas distancias a través del Atlántico pueden sufrir un desfase entre sus relojes biológicos y la hora local, el mismo proceso que provoca el jet lag en los seres humanos. Según los resultados del análisis, que se publica en la revista Science, este desajuste les lleva a cometer errores al orientarse por el sol.

Dado que el sol se desplaza por el cielo a lo largo del día, las aves necesitan un reloj interno preciso para interpretar correctamente su posición

El equipo británico estudió 20 años de datos de seguimiento por GPS a 1 045 pardelas pichoneta (Puffinus puffinus), unas aves que se reproducen principalmente en islas de las costas occidentales de Reino Unido e Irlanda. En España, está en escaso número en las islas de Tenerife y La Palma, aunque también aparecen en otoño en las cosas gallegas y cantábricas.

Estas aves suelen viajar cientos de kilómetros mar adentro en busca de alimento, y llegan incluso a alejarse hasta mil kilómetros de sus colonias de cría. En estos viajes, como muchos otros animales, las pardelas pichoneta utilizan el sol para orientarse. Pero, dado que el sol se desplaza por el cielo a lo largo del día, necesitan un reloj interno preciso para interpretar correctamente su posición.

“Esto se debe a que el sol se desplaza por el cielo a medida que gira la Tierra, por lo que un animal necesita saber qué hora es para saber en qué dirección apunta el sol”, explica a SINC Patrick Lewin, investigador de la universidad británica y líder del estudio.

Orientación por el sol

“Imagina un animal que quiera viajar hacia el sur durante todo el día. Al amanecer, el sol está en el este, por lo que el animal debe orientarse 90 grados en el sentido de las agujas del reloj con respecto al sol. Pero al mediodía, el sol está en el sur (en el hemisferio norte), por lo que el animal debe desplazarse directamente hacia él; y cuando el sol se pone, está en el oeste, así que el animal debe orientarse 90 grados en sentido antihorario respecto a él. Por lo tanto, si el reloj interno está desajustado, eso llevaría al animal a calcular mal la orientación del sol y a desplazarse en la dirección equivocada si utiliza una brújula solar”, cuenta Lewin.

Esto es lo que ocurre con las pardelas pichoneta. Cuando regresan a sus nidos tras haber viajado cientos de kilómetros, las aves se desplazan rápidamente hacia el este cruzando líneas de longitud y llegan a lugares donde el sol sale antes. Como resultado, sus relojes internos pueden ir retrasados con respecto a la hora solar local hasta en aproximadamente una hora, lo que provoca que calculen mal la posición del sol y se desvíen ligeramente de su rumbo.

Si el reloj interno está desajustado, eso llevaría al animal a calcular mal la orientación del sol y a desplazarse en la dirección equivocada si utiliza una brújula solar

Patrick Lewin, Universidad de Oxford

“Nos dimos cuenta de que esto podría ocurrir en la naturaleza si las aves experimentaran el proceso que provoca el jet lag en los seres humanos. El jet lag se produce porque nuestros relojes biológicos se calibran con el amanecer y el atardecer, pero si se viaja entre husos horarios (hacia el este o el oeste) en el transcurso de un día, el reloj no se reinicia, por lo que sigue sincronizado con el lugar de partida y no coincide con la hora local del destino”, señala el investigador.

En el estudio, el equipo reunió los datos por GPS de un total de 3 688 viajes en busca de alimento de pardelas pichoneta. Con ellos, utilizaron modelos estadísticos para comparar las desviaciones observadas con las previstas a partir de los movimientos de las aves y la posición cambiante del sol.

Los investigadores descubrieron que las direcciones de vuelo de las aves mostraban desviaciones sistemáticas coherentes con los efectos previstos de estos desfases horarios en su brújula solar. Es decir, a medida que las aves se desplazaban hacia el este, tendían a desviarse en el sentido de las agujas del reloj respecto a su dirección esperada, tal y como cabría predecir si sus relojes internos se retrasaran con respecto a la hora local.

Desviaciones pequeñas

Sorprendentemente, el equipo también descubrió que estos errores de navegación persistían incluso cuando las aves volaban a lo largo de costas visibles, donde los puntos de referencia podían ayudarles a orientarse. Esto sugiere que las aves seguían confiando en su brújula solar incluso cuando disponían de otras señales de navegación.

Las aves seguían confiando en su brújula solar incluso cuando disponían de otras señales de navegación

Aun así, los errores de navegación fueron relativamente pequeños, y solo alcanzaron un máximo de unos 15°. Luego, las aves eran capaces de reevaluar su posición e ir ajustando la ruta de forma continua, por lo que la distancia adicional que acababan recorriendo no era mucho más que la que debería ser. Por ejemplo, los investigadores calcularon que una pardela que regresaba desde una distancia de 1 000 km, con un error medio de brújula de 7° y corrigiendo continuamente su rumbo, solo recorrió unos 5 kilómetros más.

Lewin cree que es probable que este fenómeno se dé en otras aves, o en cualquier animal que se desplace de este a oeste, aunque probablemente sean las aves las que suelen volar lo suficientemente lejos en un día como para que los efectos sean significativos. “Creo que puede darse en otras especies porque los mecanismos básicos del reloj biológico no han cambiado mucho a lo largo del árbol filogenético: básicamente, todos los animales (incluidos nosotros) calibran sus relojes según el ciclo del amanecer y el atardecer”, dice el investigador.

Referencia:

Patrick Lewin et al. Rapid longitudinal flights cause time shifts and sun compass error. Science, 2026.

 

Fuente: SINC
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