El dióxido de carbono del que tanto se habla por el cambio climático no es el único gas de efecto invernadero que afecta al clima. El metano (CH4) es, después del CO2, el más abundante de la Tierra; sin embargo, es casi 30 veces más potente que este a la hora de atrapar calor en la atmósfera en un periodo de 100 años. El aumento de sus concentraciones en los últimos años y el hallazgo de nuevas fuentes de metano en el océano Ártico vuelven a ponerlo en el punto de mira.
Investigadores españoles han publicado el descubrimiento de un arrecife de esponjas 'roca' único en el mundo. Una de estas estructuras, que se creían extintas desde hace millones de años, se ha hallado a 760 metros de profundidad, rodeando la cima de una pequeña montaña submarina entre Valencia e Ibiza, donde hay planes de sondeos de hidrocarburos.
El proyecto '20.000 sonidos bajo el mar' del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universitat Politècnica de Catalunya estudiará los sonidos de los océanos. El análisis se llevará a cabo a bordo del velero suizo 'Fleur de passion', que dará la vuelta al mundo en cuatro años con el objetivo de medir el impacto humano sobre los océanos y contribuir en el debate sobre el lugar que ocupa el ser humano en el mar.
Las zonas profundas de los lagos de Banyoles, en Gerona, son ricas en azufre y hierro y están dominadas por bacterias, condiciones similares a las de los océanos al inicio de la vida en la Tierra, según muestra una investigación liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Los científicos aseguran que los resultados ayudarán a predecir el comportamiento de los océanos en futuros escenarios del cambio climático.
Cada año, entre cinco y trece millones de toneladas de basuras de plástico terminan en los océanos de todo el mundo. Un nuevo estudio advierte que esta cantidad podría multiplicarse por diez en la próxima década si la comunidad internacional no mejora su gestión de desechos.
Las 800 muestras de agua recogidas en todos los océanos durante la circunnavegación del buque Hespérides en el marco de la expedición Malaspina han permitido ahondar en el conocimiento de la bomba microbiana de carbono, un mecanismo con el que el océano almacena carbono procedente de la actividad humana. Según un estudio, algunas moléculas orgánicas halladas en las profundidades que reemiten la luz en forma de fluorescencia pueden contribuir a mitigar el efecto invernadero.
Una nueva base de datos desarrollada por la Universidad de Cantabria arroja datos de la variación del nivel del mar debida a los cambios atmosféricos en el sur de Europa desde 1948 hasta 2009. En las dos últimas décadas, esta componente se ha incrementado sobre todo en la cuenca mediterránea.
Este iceberg, visto cerca de la barrera de hielo Amery (Antártida), tiene bandas de hielo azul translúcido formado por el mar o por agua dulce de congelada entre las capas de hielo glaciar más comprimido y blanco. / Andrew Meijers / BAS.
Tres años después de que el buque Hespérides regresara a España culminando la vuelta al mundo de la expedición Malaspina, los científicos tienen una idea cada vez más clara sobre cómo funciona el océano global y cuál es su estado de salud. En concreto, la entrada de contaminantes procedentes de la atmósfera no se limita a las zonas costeras, sino que se produce también en las zonas más remotas del planeta y ya ha empezado a afectar al ecosistema oceánico.
Un estudio internacional en el que participan científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha descubierto que una bacteria presente en los océanos, Dokdonia sp., utiliza la luz y fija hasta el 30% de su carbono a partir de CO2.