Un experimento de selección iniciado en Siberia hace casi 70 años permite ahora comprender mejor cómo la domesticación puede modificar el cerebro. Un estudio de la Universidad de Cornell ha detectado una menor presencia de neuronas vinculadas a la agresividad en zorros criados para interactuar con los humanos, un hallazgo que apunta a la relación entre el comportamiento y la estructura cerebral.