La nueva película de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud nos sumerge en un mundo de gran diversidad biológica, grandioso y a la vez desconocido: el océano. Con 50 millones de euros de presupuesto y ocho años de trabajo con científicos como Stéphane Durand, los 108 minutos que dura Océanos envuelven al espectador en una sinfonía natural donde los animales cobran protagonismo y revelan sus secretos mejor guardados. En este himno al océano la biodiversidad tiene la palabra.
Sthephane Durand, coguionista de la película.
Las herramientas de observación actuales no pueden informar sobre la mitad del calentamiento que se ha acumulado en la Tierra durante los últimos años. Según publica hoy Science, los sensores de los satélites, las plataformas oceánicas, y otros instrumentos no son adecuados para seguir la pista al calentamiento “perdido”. Éste podría estar acumulado en los fondos marinos.
Las emisiones de CO2 alteran la química de las aguas del océano, las acidifican y provocan daños en los organismos marinos, sobre todo a corales o moluscos, que construyen caparazones o esqueletos de carbonato cálcico. Así lo confirma un equipo de investigación español que ha analizado y reconstruido los cambios de acidez marina a lo largo de la historia de la Tierra. Los científicos concluyen que a finales del siglo XXI la acidificación llegará a condiciones sin precedentes de los últimos 40 millones de años.
Una vez agotados los recursos mineros en la superficie terrestre, el ser humano se lanzará a una nueva “aventura”: la explotación de los fondos marinos, una atractiva fuente económica de recursos minerales que ahora parece inagotable por la extensión de los océanos. Pero los mares recogen más del 97% de los seres vivos del Planeta, la gran mayoría desconocidos para la ciencia. Su exploración, ante todo sostenible, arrojará luz allí donde reina la oscuridad.