Un rasgo típico de los mamíferos es su capacidad de experimentar sensaciones, algo que los robots están empezando a imitar. Con la ayuda de pieles artificiales y algoritmos, investigadores checos han conseguido que el niño-robot iCub sea consciente del contacto de un humano y que incluso note si alguien invade su espacio ‘vital’.
Nuevos materiales, robots bioinspirados, baterías de larga duración, enjambres robóticos, inteligencia artificial, exploración extrema, aplicaciones en medicina, interacción social, ética y seguridad. Estos son algunos de los diez grandes retos a los que se enfrenta la robótica que, si se superan, transformarán nuestra sociedad, según el estudio presentado esta semana por un panel internacional de expertos.
Los dos principales escollos de los robots que imitan al cuerpo humano son su control y la dificultad para fabricarlos de manera rentable. Investigadores del proyecto europeo MoCoTi han diseñado el prototipo de un androide que aprende cómo activar sus propios miembros y que se puede replicar fácilmente. El dispositivo, formado por un cerebelo artificial que controla a un brazo robótico dirigido por tendones, podría ser el primer paso de la robótica humanoide de bajo coste.
Bioingenieros del Instituto de Tecnología de California han creado un nanorobot de ADN que tiene una mano para recoger moléculas y dos pies para llevarlas al lugar deseado. De momento es un poco lento, ya que tarda cinco minutos en dar un pequeño paso de 6 nanómetros, pero sus creadores confían en acelerar este novedoso sistema, que algún día podría operar en el interior del cuerpo humano.
Investigadores de la Universidad de Huelva han optimizado una técnica matemática predictiva que permite que los robots encuentren determinados objetivos con más rapidez y fiabilidad. Se puede aplicar en sistemas dedicados a la asistencia de personas, seguimiento de manos y automóviles.