Sus efectos pueden aparecer años antes de cualquier síntoma cardiovascular

Así es cómo el estrés crónico impacta a la salud de tu corazón

El estrés crónico de la vida cotidiana provoca cambios estructurales en el corazón, por lo que sus paredes se pueden engrosar, sus cavidades aminorar e impedir el llenado. En conjunto, estos factores aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular.

Así es cómo el estrés crónico impacta a la salud de tu corazón
La inflamación crónica tiene un impacto en la salud cardiovascular. / Unsplash. 

Un estudio revela que la inflamación crónica que se asocia a la situación socioeconómica y al estilo de vida de las personas está relacionada con cambios en el corazón, así como a un mayor riesgo de tener infartos y accidentes cerebrovasculares.

Los resultados, publicados en European Journal of Preventive Cardiology, proceden de un estudio realizado con casi medio millón de adultos de Reino Unido.

Según explica a SINC el primer autor del trabajo e investigador del Imperial College de Londres, Matia Coriano, el estrés crónico se define como una exposición recurrente a disparadores psicológicos o ambientales. “Entre ellos, las desigualdades sociales, la pobreza, un menor nivel educativo la falta de conexiones sociales y las condiciones laborales exigentes se encuentran entre los factores más estresantes”, apunta.

Los efectos a largo plazo pueden aparecer años antes de que las personas experimenten cualquier síntoma cardiovascular

Sus efectos a largo plazo pueden aparecer años antes de que las personas experimenten cualquier síntoma cardiovascular, lo que los convierte en una amenaza silenciosa para la salud.

“Nuestro estudio –que es el mayor de su tipo– sugiere que millones de personas podrían estar viviendo con una inflamación oculta que altera su corazón, lo que aumenta el riesgo de sufrir un infarto o un ictus”, explica el líder del trabajo e investigador del Laboratorio de Ciencias Médicas del Medical Research, Declan O’Regan. “La inflamación crónica es compleja, pero sabemos que está relacionada con nuestra salud y que viene determinada por nuestro estilo de vida, por lo que las personas pueden correr un mayor riesgo debido a su entorno, su situación económica, la salud de su familia y su alimentación”.

Medio millón de personas

Para saberlo, los investigadores analizaron datos del Biobanco del Reino Unido correspondientes a 480 000 adultos y examinaron el exposoma, que abarca las exposiciones ambientales externas e internas que las personas sufren a lo largo de su vida.

En este caso, vieron que las personas con niveles más altos de estrés tenían un 43 % más de riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus que aquellas con los niveles más bajos.

Tenían un 43 % más de riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus

En concreto, las personas con más estrés mostraban indicios de cambios estructurales en el corazón, como un engrosamiento de las paredes, cavidades cardíacas más pequeñas y un peor llenado.

“Nuestros hallazgos sugieren que la inflamación sistémica posee un vínculo biológico importante entre las exposiciones ambientales adversas y las enfermedades cardiovasculares”, añade Coriano. “Los estresores psicológicos y ambientales promueven respuestas inflamatorias que se caracterizan por la activación del sistema inmunológico y la liberación de citocinas que pueden influyen en el corazón y contribuyen a cambios en su estructura y función”.

Factores genéticos

No obstante, también se observó un fuerte factor genético, ya que algunas personas son, por naturaleza, más resistentes o susceptibles al daño inflamatorio.

“Descubrimos que los antecedentes genéticos pueden modificar la relación entre las exposiciones ambientales y la inflamación, lo que sugiere que la susceptibilidad heredada influye en cómo nuestros cuerpos responden a condiciones adversas”, explica.

Sin embargo, las personas susceptibles o expuestas a dichas circunstancias no están condenadas a desarrollar enfermedades cardíacas, ya que se puede hacer mucho para prevenir la inflamación a largo plazo.

Una ventana a la prevención

El estudio identificó proteínas inflamatorias clave de las familias de la interleucina-1 y el TNF como probables causantes de este daño. Hoy en día, estas proteínas ya son diana de fármacos en ensayos clínicos, lo que aumenta la esperanza de que nuevos tratamientos puedan prevenir las enfermedades cardiovasculares antes de que aparezcan los síntomas.

Estos resultados apuntan  que combinar los análisis de sangre para detectar la inflamación con puntuaciones de riesgo genético podría ayudar a identificar a las personas con más probabilidades de beneficiarse de una intervención temprana.

Referencia: 

Coriano. M. et al. Gene–environment interactions shape cytokine-mediated inflammation and cardiovascular risk. European Journal of Preventive Cardiology. 2026.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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