El mapa mundial de la red subterránea de hongos revela que mide mil millones de veces la distancia entre Tierra y Sol

Por primera vez, un equipo científico internacional ha cartografiado el entramado de hongos micorrízicos a escala global. Estas redes, que se basan en simbiosis fúngicas con las raíces de las plantas, sustentan la vida vegetal y son esenciales para regular el clima de la Tierra.

Hongos micorrízicos vistos al microscopio
Hongos micorrízicos. Las estructuras circulares son esporas. La fotografía original es en blanco y negro; el color se ha modificado para facilitar la lectura. / Tomás Munita

Cuando se habla de biodiversidad, a menudo solo nos referimos a lo que se ve, a lo que está en la superficie terrestre o debajo del mar. Pero pocas veces nos acordamos de una parte de la vida del planeta que es vital para nuestra supervivencia: la que crece bajo el suelo.

Estos entramados funcionan como el ‘sistema circulatorio’ de la Tierra, ya que transportan carbono, nutrientes y agua entre las plantas y el suelo

Ahí es donde crecen las redes de hongos micorrízicos, vastos entramados subterráneos formados por hongos que viven en simbiosis con las raíces de las plantas. Estos sistemas tienen un papel vital: sustentan la vida vegetal y ayudan a regular el clima de la Tierra al fijar el carbono en el suelo.

Ahora, por primera vez, un equipo científico internacional ha elaborado los primeros mapas mundiales que estiman la distribución y la masa de estas redes. Y han llegado a una cifra sorprendente: en total, miden mil millones de veces la distancia de la Tierra al Sol. Los detalles del trabajo se publican en Science.

Justin Stewart, investigador de la Universidad Vrije de Ámsterdam (Países Bajos) y primer autor del artículo, explica a SINC que existen muchos tipos de hongos micorrízicos, pero la investigación se centra en los arbusculares, que se asocian con más del 70 % de las especies de plantas terrestres. Estos entramados funcionan como el ‘sistema circulatorio’ de la Tierra, ya que transportan carbono, nutrientes y agua entre las plantas y el suelo.

“En esta relación, las plantas envían azúcares y grasas ricas en carbono a los hongos, y estos ayudan a las plantas a acceder a los nutrientes y al agua del suelo”, señala Stewart, asociado a la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas (SPUN, por sus siglas en inglés) que ha liderado la investigación.

Simbiosis entre hongo y raíz

“Las plantas fijan el carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y, a continuación, envían parte de ese carbono bajo tierra a sus socios fúngicos. A nivel mundial, se ha estimado recientemente que esto supone alrededor de 1 000 millones de toneladas de carbono al año, lo que representa aproximadamente el 11 % de nuestras emisiones anuales actuales de CO₂”, señala Stewart. De este modo, las redes micorrízicas constituyen una vía principal por la que el carbono atmosférico entra en los ecosistemas subterráneos.

A cambio, estos hongos ayudan a las plantas a acceder a nutrientes como fósforo, nitrógeno y agua. Las redes están formadas por estructuras microscópicas filiformes llamadas hifas. Estas hifas crecen desde las raíces hacia el suelo circundante, y así amplían el alcance de la planta para captar agua mucho más allá de su propio organismo.

“En nuestro estudio estimamos que estos hongos tienen una longitud 50 veces superior a la de las raíces finas de la Tierra. Esto los hace importantes en los ecosistemas naturales, donde favorecen el crecimiento de las plantas, la estructura del suelo y el ciclo del carbono, pero también en ecosistemas gestionados como las explotaciones agrícolas, donde unas redes fúngicas sanas pueden influir en la fertilidad del suelo y la productividad de los cultivos”, añade.

Toby Kiers y el Merlin Sheldrake tomando muestras en las montañas de Bután. / Tomás Munita

En el estudio, el equipo investigador recopiló datos sobre la densidad de las redes a partir de más de 16 000 muestras de suelo recogidas en todo el planeta en estudios locales e independientes. Además, los científicos desarrollaron modelos de aprendizaje automático que incorporaban capas de datos de desiertos, tundras y bosques para predecir la densidad de la red en ecosistemas no muestreados.

En colaboración con el Instituto de Biofísica AMOLF (Países Bajos), el equipo calibró su modelo con imágenes robóticas de más de 300 000 hifas de hongos de redes vivas cultivadas en el laboratorio.

110 mil billones de kilómetros

Con estos datos, el equipo estimó que las redes de hongos micorrízicos arbusculares tienen una longitud total de alrededor de 110 mil billones de kilómetros y una masa de cerca de 300 megatoneladas de carbono (entre 4 y 6 veces la masa de todos los seres humanos vivos).

“Es difícil exagerar la importancia y la enormidad de estos hongos”, afirma Stewart. “Podría haber hasta 10 metros de red micorrízica en tan solo una cucharadita de tierra”.

Además, el equipo creó una visualización interactiva a escala mundial de estas redes, disponible en abierto. Es la primera vez que se observa la infraestructura fúngica de la Tierra a esta escala y resolución.

Captura de pantalla del mapa de la red de hongos micorrízicos en España

Estos mapas muestran cómo se distribuyen las redes micorrízicas en las distintas regiones terrestres. Por ejemplo, se descubrió que los ecosistemas de pastizales contienen alrededor del 40 % de la biomasa de micorrizas arbusculares del mundo. La densidad es especialmente alta en las praderas inundadas de Sudán del Sur, los Everglades de Florida y la meseta tibetana.

Sin embargo, los pastizales se encuentran entre los ecosistemas menos protegidos de la Tierra y los autores resaltan que se están transformando en tierras de cultivo cuatro veces más rápido que los bosques.

Información para proteger

Además, el estudio mostró que las tierras de cultivo agrícola a gran escala estén asociadas a densidades de red un 50 % menores. Los investigadores subrayan que una menor densidad de estos entramados reduce la capacidad de los suelos para almacenar carbono, reciclar nutrientes y resistir el estrés.

“Es importante cartografiar estas redes porque no podemos proteger lo que no conocemos”, subraya el investigador. “Si describimos un bosque limitándonos a decir que tiene tres especies de árboles, sabemos algo sobre su biodiversidad, pero no sobre su estructura, tamaño o la cantidad de materia viva que hay en él. Cartografiar las redes fúngicas nos proporciona esa perspectiva de escala que nos faltaba: dónde son densas estas redes subterráneas, dónde son escasas y cómo se distribuyen por los ecosistemas de la Tierra”.

Es importante cartografiar estas redes porque no podemos proteger lo que no conocemos

Justin Stewart, SPUN

En este sentido, el mismo grupo de investigación publicó un estudio en Nature el verano pasado que demostraba que hasta un 90 % de los puntos críticos de biodiversidad para los hongos micorrízicos están mal protegidos, “lo que significa que los sistemas de conservación actuales están dejando de lado gran parte de los hongos del suelo”, dice Stewart.

Los autores subrayan que los datos de las redes mundiales están disponibles para su descarga para que los gobiernos y los responsables de la toma de decisiones en conservación puedan comenzar a supervisar la salud de las comunidades fúngicas subterráneas críticas.

Referencia:

Justin D. Stewart, Toby Kiers et al. Global density and biomass of arbuscular mycorrhizal fungal networks. Science (2026).

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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