Más de 200 científicos han recopilado datos de más de un millón de bosques, con un total de 28.000 especies de árboles. Los datos estarán disponibles y permitirán incorporar las simbiosis arbóreas en los estudios sobre cambio climático.
Las hayas suelen relegar a los robles a los márgenes y peores terrenos de los bosques donde conviven, pero los segundos toleran mejor el actual aumento de temperaturas, por lo que podrían mejorar su capacidad competitiva. Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y otros centros nacionales lo han comprobado en bosques mixtos del Parque Nacional Picos de Europa.
Un trabajo internacional con participación del IPE-CSIC concluye que los árboles más grandes y altos son más vulnerables a la sequía porque forman conductos más anchos. Hasta ahora, esta mortalidad selectiva, que se produce a nivel global, se asociaba a adaptaciones al clima.
Un equipo de científicos españoles y colombianos ha observado en una especie de árbol tropical de hoja perenne, llamado el guayabo, distintos patrones para obtener energía. Según el estudio, las hojas y las copas de los árboles capturan la luz en diferentes horas punta. Mientras que las hojas lo hacen en las horas centrales del día, las copas prefieren la mañana o la tarde.
Algunos de los árboles que pueblan hoy la Tierra son más antiguos que las pirámides egipcias y han sido testigos de los últimos 5.000 años de historia humana. Un equipo de científicos ha secuenciado el genoma del roble, que se expande por tres continentes, para comprender qué se esconde detrás de su larga vida. El estudio demuestra que el sistema inmunitario desempeña un papel clave para asegurar su supervivencia centenaria.
En septiembre de 1730, la tierra se abrió en Timanfaya. La lava corrió durante seis años, sepultó nueve pueblos y modificó por completo la isla de Lanzarote. Los cambios atmosféricos que provocó hace siglos aquella erupción o la del Tambora, en Indonesia, que ocultó la luz solar durante meses, también dejaron su rastro en los bosques centenarios ibéricos.
De los 16 veranos extremadamente secos identificados en la península ibérica en las tres últimas centurias, seis corresponden al siglo XXI, en concreto, los de los años 2003, 2005, 2007, 2012 y 2013, una frecuencia sin precedentes, según un nuevo estudio de la Universidad de Zaragoza que ha analizado el crecimiento radial de dos especies de árboles. El decenio con veranos más secos en este contexto es el que va de 2003 a 2013.
Hongos y plantas se alían para crear kilométricas tuberías de raíces que conectan a las especies vegetales entre sí. De este modo, los bosques, unidos bajo tierra, cobran fuerza ante amenazas como el cambio climático para poder cumplir su función de sumideros de carbono. Pero los científicos aún desconocen cómo se produce esta interacción, similar a la red de internet.
Los árboles más antiguos pueden ser un buen bioindicador de la presencia de animales vertebrados amenazados, según una investigación de la Universidad de Salamanca. Al cruzar datos sobre la distribución de árboles de gran tamaño, probablemente todos ellos centenarios, con datos sobre la presencia de animales vertebrados que viven en hábitats forestales en peligro de extinción y vulnerables, los investigadores han comprobado que coinciden en los mismos lugares.
Vongy, que procede de la palabra malgache voangory (escarabajo), es el nombre del insecto protagonista de un cómic que ayudará a explicar a los escolares de Madagascar el valor de la investigación para preservar la biodiversidad y el medio ambiente en la Gran Isla Roja del Índico.