Un estudio del del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos propone una nueva herramienta para mejorar la eficiencia en la gestión de la conservación. El método se basa en agrupar entidades ecológicas sometidas al mismo tipo e intensidad de amenazas.
Un nuevo estudio sobre la biodiversidad marina a escala mundial revela la existencia de puntos de alta diversidad funcional en aguas templadas. Hasta ahora, estos denominados puntos calientes o hotspot de biodiversidad se basaban exclusivamente en la cantidad de especies que albergan las aguas y se habían localizado en las zonas tropicales del planeta.
Instituciones estadounidenses e inglesas han identificado las regiones del mundo donde es necesario aumentar las áreas de protección de la biodiversidad para cumplir con los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Para el 2020, una de sus metas es que el 17% de la superficie de la Tierra sea zona protegida y se conserve el 60% de las plantas endémicas.
A los 7.880 kilómetros de costa que comprende el territorio español les une una característica común: el aumento de la temperatura superficial del agua. Este impacto es el responsable de que en Canarias se pueda ver al tiburón ballena de aguas cálidas, y de que en Baleares la posidonia esté en peligro.
A la hora de escoger un destino turístico con un toque de ciencia, Andrés Moya, catedrático de Genética de la universidad de Valencia y presidente de la Sociedad Española de Biología Evolutiva (SESBE) lo tiene claro: “Acudir a las mismas islas que visitara Darwin en su momento prácticamente ya constituye una justificación en sí para todo evolucionista”.
El aumento de las temperaturas debido al cambio climático amenaza a las dos poblaciones actuales del lince ibérico, que podrían desaparecer a mediados de este siglo, según indica un estudio internacional liderado por el CSIC. Los autores creen que seleccionar nuevos hábitats es imprescindible para asegurar la conservación de la especie.
Un estudio publicado en la revista PNAS revela los países que menos gastan en conservar la biodiversidad de sus territorios. Según sus estimaciones, España queda en la posición 72 de la lista de los 124 países ricos analizados, lo que la coloca dentro del promedio para un estado con las mismas condiciones de tamaño, biodiversidad, economía y política.
Tras la marea negra que provocó el hundimiento del petrolero Prestige frente a la Costa da Morte el 19 de noviembre de 2002, el grupo de investigación de Biodiversidad Marina de la Universidad de Alcalá comenzó a estudiar las consecuencias del vertido en las playas gallegas afectadas por el fuel. Ése fue el inicio de una investigación que se ha prolongado en el tiempo.
En 2003, un estudio liderado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria relacionaba el uso de sónares militares antisubmarinos con la muerte de zifios. A raíz de estas investigaciones, el Gobierno español estableció en 2004 una moratoria que ha dado resultado. Casi un decenio más tarde, los investigadores certifican ahora en Nature la ausencia de varamientos masivos en Canarias.
Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid confirman mediante marcadores moleculares de ADN que la especie Ulmus laevis es autóctona en la península, y se debería incluir en la lista roja de flora vascular para proteger sus poblaciones.