Cuando la Luna opaca al Sol de forma completa, la falta de luz y radiación provocan cambios atmosféricos que influyen sobre la temperatura, el viento y la forma de las nubes. Los efectos son muy breves, ya que la fase de totalidad de este ocultamiento dura pocos minutos, pero tienen mucho interés desde el punto de vista meteorológico.
La Agencia Espacial Europea y la japonesa JAXA han lanzado este satélite para estudiar cómo las nubes y los aerosoles afectan al clima de nuestro planeta.
Estos destellos de luz en el cielo forman parte de una familia de fenómenos como los rayos de tormenta, pero se producen en la mesosfera, a decenas de kilómetros sobre las nubes. El Instituto de Astrofísica de Andalucía encabeza el primer estudio espectroscópico de estos acontecimientos infrecuentes y breves, asociados con compuestos como hierro y níquel.
Los datos de la misión Cheops de la Agencia Espacial Europea han revelado que un exoplaneta abrasador, que orbita alrededor de su estrella anfitriona en menos de un día, está cubierto por nubes reflectantes de metal, lo que lo convierte en el exoplaneta más brillante jamás descubierto.
La atmósfera del planeta VHS 1256 b, que está a unos 40 años luz y orbita alrededor de dos estrellas, contiene silicato, agua, metano, monóxido de carbono y otros componentes. Ningún otro telescopio había identificado tantas características a la vez para un solo objetivo.
Los líquidos contienen diminutas burbujas de gas, que al estallar arrastran gotas. Un investigador de la Universidad de Sevilla ha desarrollado un modelo que explica los mecanismos que gobiernan este efecto, donde el tamaño de la burbuja influye en la velocidad a la que sale disparada la gota, y que está detrás de fenómenos tan distintos como el aroma de los vinos y la formación de las nubes desde el mar.
Investigadores de las universidades de Granada y Valladolid han ideado una técnica para detectar y caracterizar automáticamente la cubierta nubosa de una zona mediante una cámara de cielo. Este dispositivo es una cámara de fotos o vídeo con una lente ojo de pez incorporada para visualizar en una sola imagen toda la bóveda celeste.
Michael H. Wong et al.
Las condiciones del clima no contaminado de la época preindustrial pudieron ser más nubosas de lo que se pensaba hasta ahora, según los datos del experimento CLOUD del CERN. Los resultados revelan que los llamados vapores biogénicos emitidos por los árboles son claves en el crecimiento de las partículas (aerosoles) hacia tamaños donde pueden generar nubes.
Investigadores del Instituto de Estructura de la Materia del CSIC y otros centros europeos han estudiado la formación y la estructura cristalina de hielos de ácido nítrico y agua en nubes estratosféricas polares. Los resultados han desvelado por primera vez una estructura que no se conocía: la fase metaestable del hielo de ácido nítrico trihidratado.