Una nueva revisión Cochrane aporta ahora evidencia de una disminución de la mortalidad tras incorporar datos de seguimiento de hasta 23 años. El análisis también indica que el cribado con PSA aumenta en torno a un 30% los diagnósticos, incluidos tumores de bajo riesgo que probablemente nunca habrían causado síntomas.
El cribado del cáncer de próstata mediante análisis de sangre puede ayudar a reducir el riesgo de muerte por esta enfermedad, según una revisión Cochrane. El hallazgo marca un cambio respecto a la versión anterior del estudio, que no había encontrado evidencia suficiente de un efecto en la mortalidad.
El cáncer de próstata es uno de los más frecuentes en hombres. Sin embargo, la utilidad de su detección precoz mediante cribado sigue siendo objeto de debate, ya que persisten las dudas sobre si sus beneficios compensan los riesgos de sobrediagnóstico y sobretratamiento.
El equipo de la revisión analizó datos de seis ensayos con casi 800 000 participantes de Europa y Norteamérica. Los autores observaron que el cribado con un análisis de sangre de PSA (antígeno prostático específico) podría prevenir la muerte por cáncer de próstata en 1 de cada 1000 hombres cribados.
Al centrarse en la evidencia más reciente y fiable —un gran ensayo con seguimiento de 162 241 hombres durante 23 años—, la estimación asciende a 2 de cada 1000. En otras palabras, sería necesario ofrecer o proponer el cribado a unos 500 hombres para prevenir una muerte por cáncer de próstata.
“Con los nuevos datos disponibles, podemos afirmar con certeza moderada que el cribado de PSA reduce la mortalidad por cáncer de próstata en hombres con suficiente esperanza de vida”, afirma Philipp Dahm, autor sénior de la Universidad de Minnesota.
El investigador añade que, para el perfil adecuado —pacientes informados, con buena esperanza de vida y que comprenden las implicaciones—, “existe ahora una base razonable de evidencia para orientar la decisión sobre el cribado”, lo que supone «un cambio importante para quienes elaboran guías y políticas.
Los estudios incluidos en la revisión no evaluaron sistemáticamente el efecto sobre la calidad de vida, como las complicaciones de las biopsias, la disfunción sexual y los problemas urinarios. Los autores destacan que otros estudios que no se incluyen en esta revisión, como el ensayo ProtecT, abordan los efectos perjudiciales relacionados con el tratamiento y deben ser tenidos en cuenta por las personas responsables de la toma de decisiones.
El riesgo de sobrediagnóstico sigue siendo un tema clave. El cribado detectó alrededor de un 30% más de cánceres de próstata a nivel global, sobre todo en un estadio temprano. La revisión observó que se diagnosticaron unos 36 cánceres más por cada 1000 hombres cribados, para cada 1-2 muertes evitadas.
Los autores advierten de que estas pruebas pueden detectar cánceres de bajo grado que podrían no causar síntomas ni daños en toda la vida del hombre, lo que significa que identificarlos puede causar ansiedad y tratamientos innecesariamente agresivos.

No se trata de es un apoyo al cribado universal. La decisión debe tomarse entre el paciente y su médico, con pleno conocimiento de los posibles beneficios y de los riesgos de sobrediagnóstico y tratamiento innecesario

“Queremos dejar claro que no es un apoyo al cribado universal”, afirma Juan Franco, investigador de la Universidad Heinrich-Heine de Düsseldorf vinculado a la Red Cochrane Iberoamericana. “La decisión debe tomarse de forma conjunta entre el paciente y su médico, con pleno conocimiento tanto de los posibles beneficios como de los riesgos reales del sobrediagnóstico y el tratamiento innecesario”.
La versión anterior de esta revisión no había encontrado una reducción significativa de la mortalidad por cáncer de próstata, según un metanálisis de cinco ensayos clínicos aleatorizados. Esta incertidumbre influyó en la decisión de no implantar programas nacionales de cribado en varios países.
Los autores señalan que los beneficios moderados observados ahora no responden a un cambio en la evidencia de base, sino al mayor tiempo de seguimiento de los ensayos, que por fin permite detectar un efecto en la mortalidad.
“El panorama ha cambiado considerablemente desde nuestra revisión de 2013”, afirma Franco. “No solo contamos con evidencia más sólida a largo plazo, sino que también han mejorado las herramientas para reducir los daños del cribado, como la resonancia magnética y la vigilancia activa”.
La revisión también analiza una nueva generación de métodos más precisos, que combinan la prueba de PSA con paneles de calicreínas y resonancia magnética para reducir las biopsias innecesarias. Estas técnicas, junto con la vigilancia activa, permiten identificar tumores poco agresivos que no requieren tratamiento inmediato, lo que contribuye a disminuir los efectos del sobretratamiento.
Los primeros resultados de los ensayos sugieren que estos métodos tienen poco o ningún impacto en el número de diagnósticos, aunque todavía es pronto para saber si mejoran la supervivencia o reducen los daños en comparación con el PSA en solitario.
Referencia:
Juan Franco el al."Pruebas del antígeno prostático específico para el cribado del cáncer de próstata”. Revisión Cochrane, 2026.