La guerra de Ucrania modifica el comportamiento de la fauna en Chernóbil

En la Zona de Exclusión se han detectado cambios en la actividad de mamíferos durante el periodo de conflicto, con variaciones en pautas habituales registradas mediante cámaras trampa antes y después de la ocupación. Los resultados apuntan a respuestas rápidas de la vida silvestre ante la presencia de guerra, especialmente en momentos de mayor intensidad bélica.

Cigüeñas negras y una garza real descansando sobre estructuras metálicas en el antiguo estanque de enfriamiento de la Central Nuclear de Chernóbil
Cigüeñas negras y una garza real descansando sobre estructuras metálicas en el antiguo estanque de enfriamiento de la Central Nuclear de Chernóbil (junio de 2020). / Kateryna Korepanova

Los conflictos armados no solo tienen consecuencias devastadoras para las personas, sino que también generan una serie de impactos, letales y no letales, sobre el medio ambiente. Sin embargo, estudiar estos efectos en el terreno resulta especialmente complicado para la comunidad científica, debido al riesgo que implican las zonas de guerra y a las fuertes limitaciones de acceso.

Un estudio internacional ha logrado sortear estas limitaciones al aprovechar un sistema de monitorización preexistente. El estudio, publicado en Science, analiza las respuestas de comportamiento inmediatas de la fauna salvaje ante la invasión y ocupación militar rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil en Ucrania (CEZ, por sus siglas en inglés) entre febrero y abril de 2022.

“Al estar ya instaladas las cámaras trampa cuando ocurrió la invasión usamos esta oportunidad única de un experimento no planeado. La mayoría de las cámaras se pudieron recuperar meses después, en noviembre de 2022, por los investigadores locales con la ayuda de las fuerzas del ejército ucraniano, ya que la zona estaba minada. Ocho cámaras no han podido ser recuperadas aún”, dice a SINC Nuria Selva, de la Estación Biológica de Doñana (EBD), que participa en el estudio.

Al estar ya instaladas las cámaras trampa cuando ocurrió la invasión usamos esta oportunidad única de un experimento no planeado. La mayoría de las cámaras se pudieron recuperar meses después con la ayuda de las fuerzas del ejército ucraniano

Nuria Selva, Estación Biológica de Doñana

Respecto a los riesgos radiológicos, la investigación siguió el protocolo y las normas de seguridad establecidas normalmente para la presencia y trabajo en Chernóbil.

“Todas las actividades de investigación científica en CEZ están reguladas por las directrices de seguridad del OIEA y por decretos nacionales. Estas normas como, por ejemplo, no recoger bayas, frutas ni setas, y no usar pantalones cortos ni calzado abierto. forman parte del entorno habitual de trabajo, y los investigadores suelen seguirlas sin considerarlas especialmente difíciles de cumplir”, explica Svitlana Kudrenko, de la Frankfurt Zoological Society y las universidades de Friburgo (Alemania) y del Sudeste de Noruega, que lidera el estudio.

Caballos de Przewalski cerca de la Central Nuclear de Chernóbil (abril de 2020). / Kateryna Korepanova

Caballos de Przewalski cerca de la Central Nuclear de Chernóbil (abril de 2020). / Kateryna Korepanova

Respuestas distintas según la especie

El equipo comparó los registros obtenidos antes, durante y después de la ocupación con los del mismo periodo de 2021. De esta forma, los investigadores detectaron cambios significativos en la actividad de la fauna.

Los mamíferos modificaron su comportamiento de forma casi inmediata ante el conflicto. En concreto, redujeron su actividad durante la noche y en los días en que la intensidad de las operaciones militares fue mayor.

La liebre europea, por el contrario, pareció adoptar una estrategia de inmovilidad o freeze response: en el año previo a la ocupación era más activa durante la noche que en 2022

Svitlana Kudrenko, Frankfurt Zoological Society

Más allá de esta tendencia general, los investigadores observaron diferencias notables entre especies. “Los zorros rojos mostraron una menor actividad nocturna durante la ocupación rusa en comparación con 2021, cuando se predecía que mantenían patrones de actividad similares durante el día y la noche”, asegura Kudrenko.

Por su parte, los ciervos rojos fueron muy activos durante el día, “probablemente porque prefirieron los paisajes abiertos de la zona central de la CEZ, más alterados por las actividades militares, frente a áreas con mayor cobertura forestal”, añade la experta. Es posible que, debido a su mayor actividad diurna en 2022 respecto a 2021, redujeran su actividad nocturna, momento en el que son más vulnerables a la depredación.

Sin embargo, en fechas con anomalías térmicas (incendios forestales, bombardeos o fuego de artillería detectados por satélite), los ciervos rojos mostraron una actividad nocturna ligeramente superior, lo que sugiere que estas perturbaciones alteraban su comportamiento y podían provocar desplazamientos más intensos por el paisaje.

“La liebre europea, por el contrario, pareció adoptar una estrategia de inmovilidad o freeze response: en el año previo a la ocupación era más activa durante la noche que en 2022”, subraya Kudrenko.

Planteábamos que los mamíferos aumentarían su actividad nocturna o la distancia a los puntos con presencia humana. Sin embargo, en especies como el ciervo y el zorro observamos lo contrario: una disminución de la actividad durante la noche

Nuria Selva

“Entre nuestras hipótesis planteábamos que los mamíferos aumentarían su actividad nocturna o la distancia a los puntos con presencia humana (algo que se sabe de estudios anteriores). Sin embargo, en algunas especies, como el ciervo y el zorro, observamos lo contrario: una disminución de la actividad durante la noche”, continúa Selva.

Un laboratorio natural alterado por la guerra

Chernóbil, un área protegida de 2600 kilómetros cuadrados, era un territorio que se estaba restaurando por sí solo mediante procesos de rewilding y donde la presencia humana había sido muy limitada hasta el inicio de la invasión.

La investigadora de la EBD señala que, tal como ocurrió durante el confinamiento por la covid-19 —y los estudios surgidos de aquel periodo de ‘antropausa’—, se trata de un experimento no planificado, aunque en sentido contrario. En este caso, la presión humana aumentó de forma drástica debido al ruido, los destellos, los incendios y la mera presencia de personas.

“Desde la invasión rusa hace ya más de 4 años, el ecosistema de Chernóbil no ha vuelto a ser el que era, en el sentido de la limitación de la presencia humana y la restauración del sistema. Ya no es una zona de ‘passive rewilding’, sino de intensa ocupación militar, donde la investigación está muy limitada. Tenemos una enorme falta de conocimiento sobre los efectos de los conflictos armados en la biodiversidad”, enfatiza Selva.

Desde la invasión rusa hace ya más de 4 años, el ecosistema de Chernóbil no ha vuelto a ser el que era, en el sentido de la limitación de la presencia humana y la restauración del sistema

Nuria Selva

Para las científicas, es importante también reconocer el valor de las observaciones ‘anecdóticas’ en los conflictos armados, por ejemplo, en relación con la mortalidad animal.

Respecto a la conservación de especies concretas en peligro, el caballo de Przewalski fue reintroducido en la parte ucraniana a finales de la década de 1990. Los datos de las cámaras trampa no revelaron alteraciones de comportamiento inusuales, aunque para el equipo podría deberse al reducido número de registros de esta especie en comparación con herbívoros más comunes, como el ciervo rojo o el corzo.

No obstante, las minas terrestres, la munición sin explotar y las barreras de alambre de espino representan actualmente amenazas directas para esta especie amenazada.

“Se han conocido, por ejemplo, tres casos de muerte de caballos por la explosión de minas antipersona. Este es también un tema importante y sobre el que ya lanzamos un mensaje recientemente también en Science”, indica la investigadora.

Según Kudrenko, las alteraciones conductuales observadas durante la ocupación rusa fueron solo un preludio. “La CEZ, tanto en Bielorrusia como en Ucrania, se ha convertido en un paisaje altamente militarizado, y es necesario investigar cómo las poblaciones de mamíferos están afrontando (o no) este aumento de la presencia militar”.

Ciervos comunes en el pueblo abandonado de Tovstyi Lis (junio de 2020). / Kateryna Korepanova

Ciervos comunes en el pueblo abandonado de Tovstyi Lis (junio de 2020). / Kateryna Korepanova

Investigar bajo las bombas

Desafortunadamente, los proyectos de investigación en ecología de la guerra implican riesgos inherentes mucho mayores que los realizados en lugares seguros.

Más allá de las dificultades asociadas al trabajo en zonas de conflicto, la escasez de financiación y el limitado apoyo institucional siguen siendo algunos de los principales obstáculos para este tipo de investigaciones.

La propia Kudrenko solicitó una beca SAFE (Supporting At-risk Researchers with Fellowships in Europe) para continuar esta línea de investigación en su equipo, pero no obtuvo financiación

Como ejemplo, la investigadora de la EBD cita un proyecto sobre los efectos del muro fronterizo entre Polonia y Bielorrusia en la fauna, en el que las autoridades han denegado en varias ocasiones el acceso a material audiovisual que documenta intentos de cruce de animales.

También recuerda otro caso de la propia Kudrenko, que solicitó una beca SAFE (Supporting At-risk Researchers with Fellowships in Europe) para continuar esta línea de investigación en su equipo, pero no obtuvo financiación.

Para los autores, estos ejemplos evidencian la necesidad de reforzar el apoyo económico e institucional tanto a los proyectos que analizan los efectos de los conflictos sobre la naturaleza, como a los científicos que trabajan en contextos de riesgo.

“En un escenario geopolítico cada vez más inestable y con un número creciente de territorios afectados por conflictos, impulsar este tipo de investigaciones es una cuestión urgente. Pese a que la guerra en Ucrania continúa, no hay constancia de nuevas iniciativas similares al programa SAFE”, lamenta Selva.

En un escenario geopolítico cada vez más inestable y con un número creciente de territorios afectados por conflictos, impulsar este tipo de investigaciones es una cuestión urgente

Nuria Selva

Debido a estas limitaciones, el estudio actual solo ha podido analizar la respuesta comportamental de aquellas especies registradas con mayor frecuencia por las cámaras. Los investigadores no han podido determinar el efecto de cada tipo de perturbación humana, ni evaluar su impacto sobre el conjunto de la fauna.

“Sí hemos conseguido definir un índice de intensidad del conflicto diario, basado en una encuesta al personal de la Reserva que estaba presente y sobrevivió —en total 25 personas— durante la invasión y en los días con anomalías térmicas, medida mediante teledetección”, apunta la investigadora de la EBD.

Con estos dos indicadores, incluyeron tanto los movimientos terrestres de patrullas y equipos de combate, hasta los bombardeos aéreos, “pero no podemos distinguir entre las distintas perturbaciones”, señala Selva.

Método transferible a otras zonas de conflicto

Las nuevas tecnologías de estudio de la fauna, como las cámaras trampa o la telemetría GPS, ofrecen oportunidades únicas de investigar los efectos en tiempo real.

Hasta ahora, la mayoría de los estudios han investigado el efecto de la guerra y los conflictos, a posteriori, una vez la guerra ha acabado. Por ejemplo, cuantificando la superficie de bosque quemada, talada, o comparando la abundancia de algunas especies antes y después.

Ahora, ambas tecnologías nos permiten ver los efectos en el día a día de la guerra. “Este estudio proporciona una metodología para relacionar actividades de conflicto armado (basadas tanto en datos de teledetección como en entrevistas) con datos obtenidos mediante cámaras trampa, y que puede perfeccionarse para conjuntos de datos más amplios”, argumenta Kudrenko.

El estudio pone de relieve la necesidad de realizar un monitoreo sistemático de la fauna en zonas de importancia para la conservación, llevado a cabo rigurosamente sobre el terreno y orientado a comprender el estado de las poblaciones silvestres

Svitlana Kudrenko

El estudio también demuestra que sería necesario complementar los datos de teledetección (anomalías térmicas) con información recopilada sobre el terreno, ya que los satélites no detectan movimientos de vehículos, colocación de minas terrestres ni ejercicios de fuego real.

“Los investigadores que trabajen en otras áreas pueden adaptar y ajustar los métodos que utilizamos. Además, el estudio pone de relieve la necesidad de realizar un monitoreo sistemático de la fauna en zonas de importancia para la conservación, llevado a cabo rigurosamente sobre el terreno y orientado a comprender realmente el estado de las poblaciones silvestres, en lugar de buscar únicamente repercusión en redes sociales”, concluye Kudrenko.

Referencia:

Svitlana Kudrenko et al. "Changes in wildlife activity patterns in response to war in Ukrain". Science.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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