No todos los caminos llevan a Roma: un estudio desmiente varios mitos sobre las calzadas del Imperio romano

Un análisis detallado de la totalidad de la red viaria del Imperio romano revela que Roma no era la ciudad más céntrica, sino que destacaban más otras ciudades como Constantinopla o Antioquía, o las capitales dentro de cada provincia. Además, los resultados muestran que las calzadas no eran tan uniformemente rectas como se suele creer. 

No todos los caminos llevan a Roma: un estudio desmiente varios mitos sobre las calzadas del Imperio romano
Las calles de Ostia, el antiguo puerto marítimo de Roma situado en la desembocadura del río Tíber. / Tom Brughmans

En su apogeo, en el año 117 d. C., el Imperio romano abarcaba aproximadamente 5,5 millones de km² entre Europa, Oriente Medio y el norte de África, conectados por una red de transporte por carretera y vías fluviales y marítimas.

Desde hace tiempo se ha dado por sentado que Roma ocupaba una posición central en esta red

Desde hace tiempo se ha dado por sentado que Roma ocupaba una posición central en esta red, que los romanos solían construir carreteras rectas y pavimentadas, y que las carreteras actuales siguen trazados similares a los de las calzadas romanas.

Pero un análisis detallado de los casi 300 000 kilómetros de la red de carreteras del Imperio romano desmiente que Roma ocupase una posición tan central, entre otras creencias populares.

“Este estudio demuestra que ni todos los caminos llevan a Roma, ni son todos rectos y no han perdurado todos hasta nuestros días, aunque con algunas excepciones importantes”, dice a SINC Tom Brughmans, investigador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y autor principal del artículo que se publica en Nature Communications.

Análisis de un modelo digital

El equipo científico estudió las características estructurales de las calzadas romanas utilizando su modelo digital, ya desarrollado anteriormente, de casi 300 000 km de calzadas romanas, denominado Itiner-e.

Los autores analizaron cuatro propiedades clave del paisaje local: la pendiente media y máxima, la altitud, la orientación y la ‘rectitud’ de la calzada; a continuación, compararon estos datos con un conjunto de datos de carreteras pavimentadas modernas. A pesar de la creencia popular, el análisis reveló que Roma no era especialmente el centro de la red de calzadas.

“Roma ocupaba una ubicación céntrica para el comercio marítimo mediterráneo, pero no era especialmente céntrica en el sistema viario romano. En realidad, las carreteras por sí mismas eran más importantes a escala regional, es decir, a escala de provincia romana”, explica Brughmans. De esta forma, las capitales de provincia estaban muy bien situadas en la red regional, lo que facilitaba la administración y la recaudación de impuestos.

Constantinopla estaba estratégicamente situada en el punto de encuentro entre Europa y Asia, y hemos revelado que ocupaba una posición excepcionalmente céntrica para los desplazamientos terrestres por todo el Imperio

Tom Brughmans, Universidad de Aarhus

Además, los resultados mostraron que algunas ciudades, como Antioquía, Ankara y Constantinopla, estaban mejor situadas como puntos centrales dentro de la red viaria que la propia Roma.

“A principios del siglo IV d. C., durante el reinado del emperador Constantino, la capital pasó de ser Roma a Constantinopla (la actual Estambul). Esta nueva capital estaba estratégicamente situada en el punto de encuentro entre Europa y Asia, y nuestra investigación ha revelado que ocupaba una posición excepcionalmente céntrica para los desplazamientos terrestres por todo el Imperio. Mucho más que Roma”, continúa el investigador.

En concreto, el equipo identificó que la ruta intermediaria más importante para el transporte terrestre en todo el Imperio era la que sigue la costa del norte de África y del Levante, pasando por Antioquía y cerca de Ankara, cruzaba a Europa por Constantinopla y se adentraba en Francia a través del valle del Po y Milán.

“La península italiana es un apéndice de la red de carreteras del Imperio, y Roma se encuentra a mitad de camino de este apéndice: era una ciudad muy céntrica en Italia, pero no la más céntrica a escala de todo el Imperio. Al final, en la práctica, la movilidad en todo el Imperio era una combinación de rutas marítimas, ríos navegables y carreteras”, afirma Brughmans.

Incorporación paulatina de territorios

Otra razón por la que Roma no era la ciudad más conectada es que la red viaria no se diseñó en un solo momento, sino que fue incorporando nuevos territorios a los que dotó de las infraestructuras necesarias.

La red viaria no se diseñó en un solo momento, sino que fue incorporando nuevos territorios a los que dotó de las infraestructuras necesarias

Según explica a SINC Pau de Soto, investigador de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y coautor del artículo, las nuevas redes respondían especialmente a necesidades políticas y económicas y estaban muy influenciadas por la geografía de cada lugar.

“Muchas vías unían las capitales provinciales o ciudades portuarias. Con la red resultante, fruto de muchos siglos de evolución, algunas ciudades fueron destacando por su ubicación estratégica dentro de las comunicaciones terrestres de todo el Imperio”, dice De Soto.

El análisis también desmintió otra creencia popular: que las calzadas romanas son excepcionalmente rectas.

“En comparación con las vías actuales, por ejemplo, ahora podemos construir carreteras más rectas, sin duda por los avances en ingeniería, que permiten agujerear montañas o construir viaductos de grandes proporciones. En época romana, se buscaba la rectitud siempre que fuese posible, pero siempre existía un compromiso entre la realidad geográfica (montañas, pendientes), los conocimientos técnicos de los ingenieros, el dinero y la mano de obra disponible, y finalmente, el interés político en construir las calzadas”, señala De Soto.  

Una red que pervive, en su mayoría

Además, en el estudio evaluaron la veracidad de la creencia de que las carreteras actuales se basan en la red romana. Los resultados mostraron que sí que existe una herencia notable. “Esto se debe, por un lado, a la pervivencia de ciudades con origen romano y al otro a la tendencia, tanto de los ingenieros romanos como actuales, en buscar los corredores más accesibles para ubicar las vías”, dice el investigador.

Existen muchas regiones del Imperio romano en las que seguramente nos faltan miles de kilómetros de calzadas romanas

Sin embargo, el análisis también reveló que existen cambios importantes. Según señala Tom Brughmans, autor principal del estudio, esto se debe a que “algunas zonas que no contaban con grandes núcleos de población romanos se convirtieron en grandes áreas metropolitanas con una densa infraestructura viaria tras la revolución industrial (como Manchester y Birmingham) o la centralización de la administración pública en los Estados-nación (como Madrid o París)”.

Otras zonas, como Túnez y Argelia, contaban con una densa red viaria en la Antigüedad, y en la actualidad presentan una red menos densa de carreteras principales.

Brughmans matiza que también existen muchas regiones del Imperio romano en las que seguramente nos faltan miles de kilómetros de calzadas romanas, “ya que conocemos muchos lugares donde los romanos vivían y trabajaban, pero desconocemos las calzadas que conducían hasta ellos”.

“Nuestra investigación revela que esto es solo la punta del iceberg: el sistema de calzadas romanas es mucho más extenso de lo que incluso nuestro trabajo pone de manifiesto”, asegura.

Referencia:

Tom Brughmans, Pau De Soto. Network science reveals the structure and lasting impact of the Roman road system. Nature Communications (2026).

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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