Un equipo de etólogos de la Universidad de Pisa documenta en Etiopía una relación exclusiva y sostenida entre ambas especies, lo que demuestra que la flexibilidad sexual en el reino animal va más allá de la reproducción o la falta de parejas.
Las interacciones sexuales entre individuos del mismo sexo se han documentado ampliamente en cientos de especies animales. Sin embargo, la ciencia solía interpretar estos episodios interespecíficos como hechos aislados, confusiones hormonales o simples respuestas a la falta de parejas del mismo grupo. Un nuevo estudio desmiente esta visión simplista al registrar una relación duradera, selectiva y recíproca entre un toro y un asno macho en una meseta rural de Etiopía.
El trabajo, publicado este lunes en la revista Current Biology, revela que ambos ejemplares mantenían un vínculo afectivo y sexual constante a pesar de pertenecer a dueños distintos, convivir con otros congéneres de ambos sexos y encontrarse únicamente de forma casual durante las horas de pastoreo.
El hallazgo se produjo de forma fortuita mientras el equipo realizaba otro trabajo de campo. Durante el periodo de observación, los científicos presenciaron cómo Achille, el toro, montaba a Patroclo, el asno macho. Lo que más sorprendió a los investigadores no fue la monta en sí, sino la respuesta del asno: en lugar de huir, dar patadas o mostrar agresividad, Patroclo buscaba activamente la proximidad del toro.
Entre el 6 y el 19 de marzo de 2026, los etólogos contabilizaron un total de 51 montas entre ambos animales. Lejos de ser un acto unidireccional, el asno presentaba con frecuencia sus cuartos traseros al toro e incluso le daba pequeños mordiscos cariñosos para estimular la interacción. “Las interacciones sexuales entre Achille y Patroclo no fueron eventos aislados”, explica Elisabetta Palagi, investigadora de la Universidad de Pisa y coautora del trabajo. “Lo que realmente llamó nuestra atención fue que estas interacciones estaban integradas en una relación social muy selectiva y consistente entre los dos individuos”.
A lo largo de las jornadas de observación, los dos machos dedicaron la mayor parte de su tiempo de descanso y pastoreo a permanecer juntos, demostrando conductas afiliativas que incluían lameduras, frotes de cabeza y caricias con el hocico. Esta dinámica afectiva se mantuvo de manera exclusiva. Cuando el toro intentó acercarse en dos ocasiones a otro asno macho del rebaño, este último reaccionó con claras conductas de rechazo, como orejas gachas y gestos de amenaza.

Esto sucedía en un entorno social donde ambos tenían acceso a otros potenciales compañeros, incluidos individuos de su propia especie y de ambos sexos

“Ambos animales eligieron repetidamente permanecer cerca y participar en variados comportamientos de afinidad junto a las montas”, señala André B. da Cruz, doctorando en la institución italiana. “Lo crucial es que esto sucedía en un entorno social donde ambos tenían acceso a otros potenciales compañeros, incluidos individuos de su propia especie y de ambos sexos”.
El equipo subraya que este caso no puede explicarse como una mera frustración reproductiva o escasez de alternativas. Los datos sugieren que la conducta sexual en animales cumple funciones sociales complejas que trascienden la mera procreación, actuando potencialmente como un mecanismo para estrechar lazos, reducir tensiones o canalizar motivaciones sociales.
“Creemos que el hallazgo clave no es simplemente que un toro haya montado a un asno”, matiza Martina Francesconi, autora principal del estudio. “Es que este comportamiento sexual inusual formaba parte de una relación social más amplia y selectiva. Para nosotros, esto representa un punto de partida para entender cómo la flexibilidad conductual permite a los animales navegar en entornos sociales complejos”.
Referencia:
Martina Francesconi et al, “A socio-sexual bond between a bull and a male donkey”, Current Biology, 2026.