La I de intersexual para luchar contra su invisibilización

La intersexualidad es una etiqueta que tiene poca visibilidad dentro y fuera del colectivo LGTBIAQ+, y abarca un espectro de posibilidades más amplio de lo que normalmente se piensa. Esto hace que las personas intersex se enfrenten a violencias y discriminaciones en todas las etapas de su vida.

Mano pintada con la bandera intersexual
La intersexualidad es una etiqueta que tiene poca visibilidad dentro y fuera del colectivo LGTBIAQ+. / Pexels

Cuando hablamos de intersexualidad es habitual que la mayoría de personas que nos escuchan no tengan ni idea de lo que significa. El sistema que oprime también al resto del colectivo, que se alimenta de la dicotomía sexo-genérica, no tiene interés en que la mayoría de la sociedad entienda lo que significa nuestra existencia.

Lo primero que debemos tener claro es que la intersexualidad no es una identidad, aunque pueda influir en la construcción de nuestra identidad de género por las experiencias que vienen asociadas. La intersexualidad es una realidad anatómica en la cual las personas intersex nacemos con características sexuales primarias o secundarias que no encajan en el binarismo sexual impuesto.

De esta manera, existe un espectro inmenso de posibilidades dentro de la intersexualidad. Es muy difícil que, incluso teniendo la misma etiqueta clínica, dos corporalidades intersexuales sean iguales, como también pasa en las realidades endosexuales (personas que no son intersex). Si no existen dos cuerpos que sean iguales ni siquiera cuando obedecen las normas impuestas dentro del binarismo sexual, es lógico entender que las realidades intersexuales tampoco lo somos.

Si no existen dos cuerpos que sean iguales ni siquiera cuando obedecen las normas impuestas dentro del binarismo sexual, es lógico entender que las realidades intersexuales tampoco lo somos

Algunas personas intersexuales se descubren en el momento del nacimiento, con genitales diversos que se salen de lo que típicamente entendemos como vulva o como pene. Pero también hay múltiples intersexualidades que no se descubren hasta la pubertad, cuando las características sexuales secundarias que se desarrollan no coinciden con lo esperado o hay procesos que no llegan (como la menstruación).

En otras ocasiones, la intersexualidad se descubre en la edad adulta, por algún chequeo de rutina o por algún cambio en nuestra corporalidad que no encaja en lo que nos han dicho que debería ocurrir.

Y, por último, puede pasar que una persona intersexual no lo sepa nunca porque su intersexualidad se identifique como parte de la diversidad corporal y ya está. 

La bisexualidad, orientación invisibilizada dentro y fuera del colectivo LGTBI

Rosario Castillo, Sebastián Vivas, Francisco García y Bárbara Luque

Violencia médica en adultos

A pesar de que en la Ley 4/2023 de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, se prohíben las intervenciones a menores intersexuales de doce años, siguen ocurriendo estas prácticas en nuestros hospitales, aun siendo consideradas por las instituciones europeas como formas de tortura y terapias de conversión.

Y ocurren debido a un añadido de la ley después de esa prohibición, que deja abierto a criterio médico la necesidad de la cirugía. Esto conlleva a que muchos profesionales médicos se tomen la libertad de ‘normalizar’ nuestras realidades intersexuales en etapas tempranas de nuestro desarrollo, con lo que eso supone para nuestra salud física y mental.

Por desgracia, las violencias a las que nos vemos sometidas las personas intersexuales no terminan con la infancia. Seguimos sufriendo violencia médica en la edad adulta: desde la incomprensión y el maltrato en las consultas médicas hasta la manipulación a las personas intersexuales para someterse a operaciones y hormonaciones innecesarias que pueden ser dañinas para su bienestar.

Nos encontramos también con otras violencias sociales o institucionales cuando nuestras características sexuales secundarias no coinciden con lo que asocian con nuestro género.

Cada vez son más los profesionales que entienden que las corporalidades disidentes no deben ser intervenidas salvo necesidad de causa mayor. Sin embargo, aún nos queda muchísimo camino por delante 

Esta violencia a menudo es una forma de transfobia acompañada de la invisibilización y violencia interfoba. La ley nos dio un marco legislativo sobre el que apoyarnos, pero es el activismo intersexual, de la mano del resto del colectivo, lo que está cambiando muy lentamente la perspectiva sobre las realidades intersexuales.

Cada vez son más los profesionales que entienden que las corporalidades disidentes no deben ser intervenidas salvo necesidad de causa mayor. Sin embargo, aún nos queda muchísimo camino por delante hasta conseguir que las personas intersexuales dejemos de estar invisibilizadas y violentadas en todos los ámbitos de nuestras vidas.

Dentro del colectivo LGTBIAQ+

Algo que a menudo también suelen preguntarnos es que, si nuestra realidad intersex no tiene nada que ver con identidad de género ni orientación sexual, ¿por qué pertenecemos al colectivo LGTBIAQ+? Y esta pregunta tiene un problema de base.

Dentro del colectivo lo que nos une no es el por qué estamos dentro del mismo, sino contra qué luchamos, y en eso coincidimos absolutamente las personas intersexuales, ya que el sistema que nos violenta y nos oprime es exactamente el mismo que a las personas trans y no binarias.

La diferencia es que, mientras a las personas trans les niegan las intervenciones de reafirmación de género, a las personas intersex se nos imponen como forma de destruir nuestra disidencia corporal. Pero todo el colectivo luchamos contra las mismas imposiciones sociales que nos violentan y oprimen por nuestra forma de existir en esta sociedad.

No podemos destruir un sistema tan sumamente enraizado en nuestra sociedad y alcanzar la liberación sin liberarnos junto al resto del colectivo

A menudo, dentro del colectivo, las ideas de que no debemos pertenecer son las mismas que hacen que la mayoría del colectivo no comprenda quiénes somos y se nos discrimine incluso en nuestros espacios. Este cuestionamiento, el de nuestra pertenencia, funciona como otro de los ejes de opresión que nos lleva a la invisibilización.

En este sentido, creo que las alianzas que hacemos dentro del propio colectivo son importantes, ya que históricamente las luchas intersexuales han ido siempre de la mano con las luchas de las personas trans y no binarias. Negar esta realidad histórica es olvidarnos de dónde venimos. No podemos destruir un sistema tan sumamente enraizado en nuestra sociedad y alcanzar la liberación sin liberarnos junto al resto del colectivo.

Queda mucho recorrido para alcanzar la liberación total de las personas LGTBIAQ+, pero un buen paso es visibilizar las realidades intersexuales que rompen con la idea de que solo existen dos formas de corporalidad rígidas y estancas que no pueden cambiar. Las realidades intersex son disidencia y revolución en sí mismas y ese es el motivo por el que quieren acallar nuestras voces.

Ariadna A. Celorio es activista intersex miembro de la comisión del año temático de la Federación Estatal lgtbi+ (FELGTB).

Fuente:
SINC
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