Existen diferentes trastornos por los que el individuo no es capaz de controlar sus impulsos, como el juego patológico o la cleptomanía. Esta tendencia a responder de forma rápida y sin tener en cuenta las consecuencias de la conducta se denomina impulsividad, y puede formar parte de un rasgo estable de la personalidad o ser un estado transitorio, derivado de, por ejemplo, el consumo de substancias o de trastornos psiquiátricos.
La ketamina y otros anestésicos similares tienen un efecto antidepresivo de acción rápida gracias a la síntesis del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés). Así lo indica un nuevo estudio, realizado en ratones y publicado esta semana en la revista Nature, que abre una nueva vía para el tratamiento drástico de la depresión severa.
La comunidad científica desconoce las causas que provocan el autismo. Ahora, una investigación internacional publicada en Nature ha revelado patrones comunes en cerebros que sufren la enfermedad. El hallazgo podría aplicarse para estudiar otros trastornos neuronales.
Christian Keysers es el director científico del centro de neuroimagen de la University Medical Center Groningen (Holanda). Este psicólogo de 35 años y su esposa Valeria Gazzola, bióloga, trabajan juntos para intentar entender las bases neuronales de la empatía y su disfunción. Keysers habló en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona sobre las bases neuronales de la empatía.
Un psicópata es una persona narcisista, que no siente empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, con una elevada inteligencia que le permite manipular a quienes tiene alrededor, y que suele reincidir en sus acciones.
Adrian Raine, experto en psicopatía de la Universidad de Pennsylvania fue muy claro en su presentación del Congreso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), celebrado el pasado febrero en Washington DC: “No estamos sugiriendo que algunos niños sean psicópatas, pero sí que ciertos rasgos relacionados con la falta de emoción pueden ser utilizados para identificar a un subgrupo de niños que están a mayor riesgo de conducta antisocial severa y persistente”.
El ritmo frenético de las sociedades occidentales aumenta los casos de estrés, ansiedad y depresión en las mujeres. Pero, ¿qué ocurre en los países empobrecidos? Ellas también sufren estos trastornos, lo que difieren son las causas. El 4º Congreso Mundial sobre la Salud Mental de la Mujer, que se celebra estos días en Madrid, trata los problemas mentales de este colectivo tantas veces olvidado.
Aunque en el mundo se suicidan miles de personas al año, investigadores y médicos carecen de un método para evaluar la probabilidad de planteamiento o intento de suicidio. Un grupo internacional de científicos, en el que participa el Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM), ha creado el primer índice de riesgo para prevenirlos.
Las conductas suicidas tienen tasas similares en los países desarrollados y en desarrollo.