Esta capacidad hace que su sistema hidráulico sea igual de resistente a la sequía que el de los ejemplares más bajitos de la misma especie. Para compensar su altura, estos gigantes han adaptado los conductos por donde circula el agua y sus hojas aguantan mejor la deshidratación.
Una ciudad sin árboles posee una menor infiltración de agua, temperaturas más altas y sociedades menos sanas. Un nuevo estudio propone elevar estos espacios verdes a la categoría de infraestructuras críticas y ofrece recomendaciones para protegerlos.
Un experimento de diez años ha permitido identificar las marcas que diferentes plantas dejan en los huesos. El trabajo abre nuevas posibilidades para inferir la vegetación asociada a restos arqueológicos y forenses.
Con una resolución sin precedentes, este método, llamado LidarTeam, facilita hacer comparaciones más fiables a lo largo del tiempo para entender mejor la dinámica vertical del territorio. Además, opera con una gran cantidad de metadatos asociados en acceso abierto.
La Red Aerobiológica de Cataluña ha ofrecido la previsión de los niveles de pólenes alérgenos para esta primavera. Tras un inicio de año frío, los pólenes invernales han irrumpido con intensidad en Cataluña a partir de mediados de febrero de 2026, superando los niveles habituales de las últimas décadas.
El cambio climático alarga la temporada de polinización cada vez más, lo que conlleva que las personas alérgicas sufran sus efectos durante periodos más prolongados. Un estudio asegura que comprender los flujos de aire en zonas urbanas mejoraría la planificación de las zonas verdes en ciudades.
Las especies de zonas secas serían más vulnerables a las sequías extremas porque los conductos por los que transportan agua, aunque son más resistentes, son más lentos y costosos de reemplazar cuando sufren "embolias" por falta de agua. La edad también aumenta el riesgo de mortalidad, porque los árboles viejos acumulan daños en su sistema de circulación y renuevan su madera más lentamente, según este estudio liderado por el CREAF y la Universidad de Edimburgo.
Este estudio indica que aquellos espacios dominados por especies introducidas almacenan más carbono en el compartimento aéreo, mientras que los bosques nativos albergan mayor cantidad de carbono subterráneo.
Este estudio, en el que participa el CREAF y el CSIC, demuestra por primera vez que los árboles no entran en un estado de dormición completo y mantienen las raíces activas. Los resultados cambian la percepción de cómo aquellos que tienen hoja caduca podrían adaptarse al cambio climático y también revelan que el suelo forestal es un sumidero de carbono con más capacidad de la que se creía.
Los ancestros de este fósil viviente, Araucaria araucana, convivieron con los dinosaurios. Puede vivir mil años, alcanza 50 metros y está amenazado por la tala.