Los murciélagos, protagonistas esta semana del #Cienciaalobestia, mueren de forma masiva al chocarse con las grandes turbinas de producción de energía eólica, las cuales se están multiplicando en varios países europeos como España o Alemania. Ahora, una encuesta determina la importancia de establecer el equilibrio entre la producción de energía limpia y la protección de especies.
Existen regiones que presentan una gran riqueza de especies vegetales, conocidos como puntos calientes de biodiversidad, pero también están los llamados puntos fríos que se caracterizan por poseer menor abundancia. Un nuevo estudio demuestra que los puntos calientes pierden, como consecuencia de la actividad humana, un mayor número de especies y más rápido en comparación con los fríos.
Un equipo de investigación internacional, en el que participa el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, ha confirmado las ventajas de la biodiversificación: los campos agrícolas con mayor biodiversidad producen mayores rendimientos y a la vez promueven la polinización y el control biológico.
Un equipo de más de 140 científicos ha demostrado que las precipitaciones y la temperatura son los factores ambientales que más influyen en la distribución global de las lombrices de tierra, cuya actividad es fundamental para las cosechas.
La pérdida de especies se está produciendo en todo el mundo, pero a escala local las tendencias varían. Un equipo de científicos ha revisado más de 200 investigaciones y concluye que la crisis de la biodiversidad no es solo un declive, sino una reorganización a gran escala. Los océanos tropicales son los que sufren la mayor pérdida de especies.
Un proyecto internacional denominado ArchaeoGLOBE reconstruye cómo se han usado los suelos en todo el mundo desde la revolución neolítica y su impacto en los ecosistemas. Los datos revelan un planeta intensamente transformado por cazadores-recolectores, agricultores y pastores hace ya 3.000 años, mucho antes de lo propuesto tradicionalmente
La revista Science publica un manifiesto firmado por tres investigadores, entre ellos José Vicente López-Bao de la Universidad de Oviedo, en el que defienden que reconocer los derechos de la naturaleza podría contribuir a mejorar la protección de los ecosistemas. “Las leyes ambientales por sí solas no han sido capaces de revertir la tendencia actual de la crisis de biodiversidad”, argumenta López-Bao.
Un equipo internacional de científicos ha trabajado entre heces de animales en las duras condiciones de la Antártida. Su estudio revela que las excreciones nutren de nitrógeno los suelos de esta remota zona del planeta y los llenan de musgos, líquenes y pequeños invertebrados.
No quiere ser considerado activista, sino científico. Así se define el oceanógrafo Gilles Boeuf, quien no concibe ecologismo sin feminismo y piensa que las nuevas generaciones desean vivir con mesura. Aprovechamos su paso por Madrid para hablar sobre los grandes retos a los que se enfrenta la pérdida de biodiversidad actual.