Un estudio publicado en Science apunta a un mecanismo molecular que podría explicar por qué los perros de mayor tamaño viven menos años: la pérdida de marcas epigenéticas que mantienen bajo control ciertos fragmentos del ADN capaces de alterar el genoma. El hallazgo también abre nuevas vías para investigar los procesos biológicos asociados al envejecimiento en humanos.
Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra de 194 años, presenta 287 variantes genéticas relacionadas con la reparación del ADN y la reducción de la inflamación, además de un epigenoma sorprendentemente estable.
Una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo es el dolor. De forma errónea, se piensa que su evolución es lineal, es decir, que empeora a medida que nos hacemos mayores. Un nuevo estudio explica ahora que los mayores picos podrían darse antes de los 55 años, por lo que los expertos animan a prevenir sus efectos entre los 20 y los 40 años.
Un estudio con casi 3 000 personas de cinco países latinoamericanos muestra que la manera en que hablamos -desde las pausas y el ritmo hasta el vocabulario- ofrece pistas sobre la salud cerebral, el deterioro cognitivo y la demencia, y abre las puertas al desarrollo de herramientas de evaluación accesibles y de bajo coste.
La herramienta ‘ChromAgeNet’ analiza la arquitectura de la cromatina —la forma como el ADN se organiza en el núcleo— para distinguir células madre sanguíneas jóvenes y envejecidas. El hallazgo permitirá nuevas formas para estudiar estrategias de rejuvenecimiento celular.
Un equipo científico del IRB Barcelona identifican un mecanismo molecular que amplifica la inflamación crónica en la piel envejecida. El estudio, realizado principalmente en ratones y respaldado por el análisis de datos de piel humana, se ha publicado en Nature Aging.
Un nuevo marco teórico plantea que la reproducción y la longevidad no son fuerzas opuestas, sino acopladas por la evolución. El declive ovárico se propone como un nuevo sello distintivo del envejecimiento específico del sexo y la menopausia como un fallo en la coordinación del sistema.
Un estudio liderado por investigadoras del BSC traza el primer atlas del sistema reproductor femenino y redefine la menopausia como un proceso que reorganiza órganos y tejidos. El trabajo ha utilizado IA y supercomputación para identificar los mecanismos genéticos implicados y posibles biomarcadores en sangre.
Un estudio con codornices japonesas muestra que aumentar la inversión de energía en reproducción, en este caso mediante la producción de huevos más grandes, acelera el envejecimiento y reduce la longevidad en torno a un 20 %. Los resultados respaldan la idea de que existe un coste biológico entre reproducción y reparación del organismo, que podría intensificarse en condiciones ambientales adversas.
Un estudio con más de 900 participantes revela que tomar un suplemento multivitamínico diario modifica algunos marcadores que favorecen un envejecimiento más saludable, aunque expertos ajenos al trabajo aseguran que no se trata de la “cura definitiva” y se necesita más investigación.