Simulación, durante el experimento, del ataque de un depredador atrapando a la abeja con unas pinzas. / Ana L. Llandres.
Los científicos ya sabían que algunas especies de abejas sociales, al detectar la presencia de un depredador cerca de su colmena, avisan al resto de sus hermanas, lo que provoca una respuesta de ataque al potencial depredador. Ahora, investigadores de la Universidad de Tours (Francia), en colaboración con la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería, han demostrado que también marcan con señales químicas las flores donde previamente han sido atacadas.
Un estudio en cultivos de todo el mundo muestra que los insectos polinizadores de la naturaleza desempeñan un papel más importante en la producción agrícola que el atribuido a las abejas domesticas. Los autores advierten que la perdida de esas especies silvestres y sus hábitats ponen en riesgo nuestras cosechas.
La voluntad y el entusiasmo de las abejas recolectoras en su búsqueda de alimento y hogar se manifiesta a nivel molecular. Un grupo estadounidense de científicos ha demostrado que estos insectos tienen distinta personalidad según cómo se exprese su información genética.
Un estudio revela que algunas especies de flores, como las estepas, el tomillo o el romero, explican una parte importante de la distribución y la abundancia de las comunidades de abejas en un entorno mediterráneo. Esta información es muy útil para planificar medidas que frenen los declives en las poblaciones de abejas de los últimos años.
Un investigador australiano adiestró a un grupo de abejas para comprobar si serían capaces de reconocer rostros humanos. Después de diferentes experimentos, el equipo descubrió que en realidad las abejas pueden aprender a reconocer la disposición de los rasgos faciales de las personas.
Apicultura. Foto: Roberto Vinicius.