Stephen Hawking predijo que los agujeros negros pueden emitir radiación de forma espontánea, algo que los científicos llevan décadas tratando de demostrar. Ahora investigadores de la Universidad Complutense de Madrid han propuesto un criterio teórico para detectar este efecto en el laboratorio, un hallazgo que un físico israelí afirma haber conseguido.
Con un telescopio sencillo de 20 centímetros de diámetro se pueden detectar los cambios de luz que producen algunos agujeros negros cuando, de vez en cuando, emiten enormes cantidades de energía. Lo ha demostrado un equipo internacional de astrofísicos al observar V404 Cygni, un sistema binario de estrella y agujero negro que ‘despertó’ el año pasado en la constelación del Cisne.
Un equipo de científicos españoles, en el que participa la Universidad de Granada, ha detectado de forma muy precisa una estructura en la parte más interna de un cuásar situado a unos 5.000 millones de años luz de la Tierra. Estos objetos lejanos son muy pequeños, pero emiten grandes cantidades de energía, en este caso debido a un disco de materia caliente que orbita a gran velocidad alrededor de un agujero negro supermasivo.
Simulación de un agujero negro iluminado por un fino disco de acreción. / Brandon Defrise Carter et al
Representación artística de un cuásar con un agujero negro supermasivo durante el Universo temprano. / Zhaoyu Li (Observatorio Astronómico de Shanghai)
La luz intermitente que emiten los púlsares, los relojes más precisos del universo, sirve a los científicos para verificar la teoría de la relatividad de Einstein, sobre todo cuando estos objetos se emparejan con otra estrella de neutrones o una enana blanca e interfiere su gravedad. Pero esta teoría se podría analizar mucho mejor si se encontrara un púlsar con un agujero negro, salvo en dos casos puntuales, según informan investigadores de España y la India.
Descubrir un pulsar orbitando un agujero negro podría ser el ‘santo grial’ para testear la gravedad. / SKA Organisation/Swinburne Astronomy Productions
Ilustración del agujero negro supermasivo dentro de la galaxia M60-UCD1. NASA/ESA
Un equipo internacional de investigadores, con algunos españoles, ha detectado por primera vez la huella del nacimiento de un agujero negro en una explosión estelar, la de rayos gamma GRB121024A. Aunque se conocía que estos fenómenos eran precursores del nacimiento de los agujeros negros, hasta ahora no se había observado polarización circular en su luz, la firma inequívoca de su formación.
Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el CSIC y otros centros españoles han descubierto una singular pareja cósmica: un agujero negro y una estrella tipo Be, caracterizada por su elevada fuerza de gravedad. El trabajo se publica esta semana en la revista Nature.