Una nueva investigación, realizada para orientar las nuevas guías dietéticas de EE UU, calcula un riesgo de muerte atribuible al alcohol de 1 entre 25 para quienes consumen una media de 14 bebidas alcohólicas por semana. El análisis se basa en la revisión de 7 200 estudios.
Una molécula ensayada en el Instituto de Neurociencias es capaz de disminuir el consumo de alcohol y la ansiedad en modelos animales. Actúa sobre el sistema endocannabinoide, clave para mantener la homeostasis cerebral, lo que permite recuperar el equilibrio de las señales cerebrales más relacionadas con el bienestar y la motivación.
Un estudio piloto de Virginia Tech sugiere que medicamentos como Ozempic o Wegovy retrasan la absorción del alcohol en el organismo, lo que atenúa la sensación de embriaguez y podría disminuir las ganas de beber.
Una investigación demuestra que las frutas maduras que consumen estos primates en África contienen suficiente etanol como para exponerlos crónicamente al alcohol. Los resultados sugieren un origen evolutivo compartido con los humanos en la atracción hacia esta sustancia.
Las adicciones no desaparecen por el confinamiento, pero las terapias de rehabilitación han sido canceladas para evitar contagios por COVID-19. ¿Cómo podemos ayudar a las personas en tratamiento por alguna dependencia o aún sin diagnosticar? En estos momentos, la sustancia que más preocupa a los expertos es el alcohol.
Un estudio internacional, liderado por científicos del Cima Universidad de Navarra y de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), ha desvelado las causas por las que la hepatitis alcohólica aguda deriva en un fallo hepático. Hasta ahora el único tratamiento posible para estos pacientes era a través de corticoides y su eficacia estaba muy limitada. En una proteína, HNF4A, podría estar la clave para nuevos métodos de tratar la enfermedad.
El alcoholismo está en el origen de más de 200 enfermedades. Ahora, un estudio con participación española revela que los daños ocasionados en el cerebro por esta sustancia siguen progresando durante las primeras semanas de abstinencia. Los resultados rebaten la creencia de que las alteraciones de la materia blanca empiezan a normalizarse inmediatamente después de dejar el consumo.
Científicos españoles han participado en un estudio sobre los mecanismos neurológicos que se producen en la reducción de los receptores de dopamina en ratas con alcoholismo. El trabajo sienta las bases en el desarrollo de fármacos eficientes para el tratamiento de personas con este tipo de adicción.
Hay gente que, cuando se emborracha, se comporta de forma más caótica y temeraria que el resto, y se justifica diciendo que le sienta mal el alcohol. Una mutación genética descubierta en pacientes de alcoholismo finlandeses está relacionada con estas conductas. El 2,2% de la población del país nórdico es portadora de este gen.
La etnia influye en la edad de inicio y la gravedad del hígado graso, las cirrosis y las hepatitis debidas al alcohol. En los hispanos, estas dolencias desencadenan entre cuatro y diez años antes que en los caucásicos y los afroamericanos, según un estudio de la Universidad de en Davis (EE UU).