Una bacteria de la especie Acidithiobacillus ferrooxidans aislada de la cuenca del Río Tinto y otro microorganismo llamado Deinococcus radiodurans –resistente a la radiación utilizada como control-, han sobrevivido a una simulación de las condiciones medioambientales que encontrarían en Marte, según se desprende de un artículo que publicará este mes de octubre la revista Icarus bajo el título Protection of chemolithoautotrophic bacteria exposed to simulated Mars environmental conditions.
La fermentación maloláctica es una parte clave del proceso de fabricación de la sidra, ya que reduce la acidez. El ácido málico, componente común en la fruta, sufre una transformación química, y se convierte en ácido láctico. En el caso de la sidra natural vasca (al contrario que con el vino), después de dicho proceso no se suele realizar ningún tratamiento de estabilización microbiológica. Por consiguiente, las bacterias lácticas se convierten en la microbiota dominante. Algunas de estas bacterias originan alteraciones que pueden afectar a las propiedades de la sidra.
Imagen microscópica de la bacteria Halomonas anticariensis, cepa con la que los científicos de la UGR han construido el biosensor.
Palomas (Columba livia) en Madrid.
Células de Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0, con genoma sintético.
La noticia es portada en medio mundo: Craig Venter, el científico que lideró la secuenciación del genoma humano, ha conseguido crear una célula sintética. ¿Es un hito histórico en la Historia de la Ciencia? Rogelio González Sarmiento, catedrático de Medicina Molecular de la Universidad de Salamanca, piensa que la iniciativa tendrá muchas aplicaciones biotecnológicas, pero el gran salto llegará cuando se logre hacer lo mismo con una célula eucariota, las que caracterizan a los seres pluricelulares, "lo cual tendría aplicaciones biomédicas, pero es muchísimo más complejo".
Científicos del Instituto J. Craig Venter de EEUU han conseguido que un genoma sintético, creado por ellos mismos mediante síntesis química, controle las funciones de una célula bacteriana. Los investigadores han sustituido el genoma de la bacteria Mycoplasma capricolum por otro sintético con la secuencia del de la especie Mycoplasma mycoides, de tal forma que la primera ha empezado a actuar y auto-replicarse como la segunda. Este avance puede ayudar a resolver problemas energéticos y medioambientales.
Un equipo de investigadores liderado por la Universidad CEU Cardenal Herrera y el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (CITA-IVIA) ha descubierto un sorprendente mecanismo que emplean las bacterias para transferir, de unas a otras, los genes virulentos que provocan infecciones. La investigación, que se publica hoy en la revista Nature, pone al descubierto una adaptación evolutiva sin precedentes y podría abrir nuevas vías para el tratamiento de las infecciones bacterianas.
En la imagen, el proceso de lucha fratricida entre los neumococos.