Un estudio en ratones identifica un papel esencial de la proteína GRK2 para mantener el ciclo del pelo, la arquitectura del folículo piloso y la función de sus células madre. Su ausencia favorece la formación de quistes y provoca una pérdida progresiva de cabello.
Científicos estadounidenses muestran, en un trabajo realizado con ratones, cómo cada folículo piloso de la piel actúa como un sensor independiente. La información que capta se une a la del resto de folículos y se organiza en la médula espinal, desde donde se envía al cerebro.