En los últimos años, el Ozempic se ha convertido en la estrella de una oleada de fármacos adelgazantes que ha desatado toda una locura. El mayor obstáculo para acceder a ellos, su alto precio, se aminora con las versiones genéricas que comienzan a entrar en algunos países, junto con una nueva generación de medicamentos mejorados en un mercado millonario cada vez más competitivo.
Un estudio indica que el abandono de medicamentos contra la obesidad, como como la semaglutida, produce un “efecto rebote” en quienes los consumen al recuperar su peso y valores de salud metabólica anteriores en menos de dos años.
Un estudio piloto de Virginia Tech sugiere que medicamentos como Ozempic o Wegovy retrasan la absorción del alcohol en el organismo, lo que atenúa la sensación de embriaguez y podría disminuir las ganas de beber.
Investigadores del IRB Barcelona han demostrado en ratones que la proteína neuritina 1 aumenta el gasto energético sin tener que reducir la ingesta de alimentos, a diferencia de fármacos como Ozempic o tirzepatida, que actúan disminuyendo el apetito.
Algunos conocerán este principio activo por nombres comerciales como Ozempic, Wegoovy y Rybelsus. Sus propiedades ayudan a las personas a perder peso o controlar la diabetes, pero no todas ellas pueden permitirse este medicamento debido a su elevado coste. En países como EE UU, la brecha es aún mayor y revela diferencias étnicas en su consumo.
Un estudio con datos de más de 2,4 millones de pacientes diabéticos que toman análogos de GLP-1 revela que estos fármacos, popularizados para perder peso, pueden reducir el riesgo cardiovascular y de ciertos trastornos mentales y demencias, pero elevar el de enfermedades del estómago, el riñón y el páncreas.